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Publicado por Ángel Cuaresma

Desde que la cadena de distribución DIA anunciara su decisión de comprar el maltrecho Árbol a bajo precio pero asumiendo su pasivo, y nunca mejor dicho, he mantenido la tesis de que tal decisión empresarial no iba a generar rechazo en la sociedad de Castilla y León. Me basaba para ello en dos cuestiones: una, la inconveniencia de oponerse a una operación que salvaría una empresa, parte de sus puestos de trabajo y a parte de sus proveedores. La segunda razón es mucho más de andar por casa y tiene que ver con la inexistencia en nuestra Comunidad de esa mal entendida defensa de lo considerado “nuestro”, concepto, por cierto, no siempre bien entendido en otras tierras.

Esta tesis, creo saberlo, no era compartida por los propios directivos de la firma compradora, que, de una manera más o menos disimulada, habían mostrado en diferentes foros su temor al malestar de una sociedad que, supuestamente, vería cómo se le iba una empresa de la región.

Pues bien, a fecha de hoy, materializada ya la operación en muchos de sus términos, es decir, el consumidor ya puede adquirir en las tiendas de la vieja enseña los productos de la nueva, me llegan comentarios en el sentido de que DIA se habría arrepentido de comprar El Árbol un minuto después de anunciarse la operación, es decir, mucho antes de su firma definitiva.

¿Significa ello que la sociedad ha rechazado la operación y a la nueva marca? Pues no. No dispongo de datos sobre el aumento, reducción o mantenimiento de clientes y ventas en las antiguas tiendas de El Árbol pero estaría dispuesto a afirmar que menos, desde luego, no son. ¿A qué se debería, entonces, el supuesto arrepentimiento? 

Pues, qué quieren que les diga, a otro tipo de problemas con los que se van encontrando y que no se circunscriben al espacio estricto de los consumidores.

Que nadie interprete que defiendo situaciones que los más puristas calificarán de fraude y los más benévolos de error circunstancial, pero no me negarán que, a finales ya de enero y transcurridos muy pocos meses desde la operación, al nuevo distribuidor se le podrán poner todas las pegas que se quiera, se le podrán buscar las vueltas hasta encontrar un desliz, pero díganme quién no vende productos de fuera de España y de la Unión Europea y quién no los compra.

No dejaremos de defender el cumplimiento de la legislación en materias tan sensibles como el consumo y el comercio, no dejaremos de defender los intereses de nuestros agricultores y ganaderos, pero concluyo con algo ya dicho en este portal: la mejor defensa es el pago, y si es pronto mejor, a los proveedores.

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