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Publicado por Ángel Cuaresma

Uno, que lleva ya muchos, muchos años, en esto del Periodismo ha vivido los dos escenarios posibles (bueno, habría más pero la realidad te dice que no) en la relación Junta de Castilla y León-Gobierno central. A saber, un gobierno popular en Castilla y León, así es desde 1987, y uno rotatorio,  es decir, del mismo o diferente signo político en Madrid.

Atrás quedaron ya los legendarios enfrentamientos de los gobiernos de Lucas con los de Felipe González a cuenta de los históricos agravios, aquí sí son de verdad y casi siempre económicos,  y mucho más cercanos quedan los de la etapa de un político de Castilla y León, Rodríguez Zapatero, en La Moncloa. La situación, qué quieren que les diga, tiene mucho más morbo cuando el inquilino del palacio madrileño es del color de los de aquí y justo será reconocer que, con mayor o menor timidez, con mayor o menor contundencia, las “Juntas” tanto de Lucas, ayer, como de Herrera, hoy, tampoco le han hecho ascos a esto de reivindicar. Sea por justicia, sea por estrategia electoral, sea por lo que sea, el caso es que los cruces, muchas veces sólo dialécticos, han hechos las delicias de los periodistas por mucho que los menos amigos de la polémica (cuando los gobiernos son del mismo signo) no siempre sepan con quién tienen que estar, que menudo marrón cuando Gobierno y partido no se ponen de acuerdo.

La última, de momento, ha sido la polémica en torno a la morosidad del Ministerio de Agricultura con la Consejería del ramo a cuenta del pago de las cantidades pendientes de distintos fondos de desarrollo rural, deuda que el propio Arias Cañete, aún no del todo europeo (ahora dicen que no lo va a ser), llegó a negar.

 Quien esto escribe no tenía la menor duda de que la deuda era real. Y es que, o poco conozco a Silvia Clemente, o sé perfectamente que no se embarca en una “guerra” de estas características, involucrando a Herrera y éste a Soraya Sáenz de Santamaría y a quien haga falta, si no sabe a ciencia cierta que tiene razón. Y la razón se la dio el propio ministro, ayer tarde, en una reunión puede que menos tensa de lo que en un principio podía preverse, en la que el titular de las siglas Magrama reconoció que la deuda está pendiente.

Sí, sí, ya se que con sólo reconocerlo no es suficiente; ya sé que no se han fijado fechas para liberar los pagos y sé también que el asunto ha de pasar por Montoro. Pero, dado que el ministro de Hacienda parece que ahora empieza a saber también de esto de la agricultura, por lo menos de algunas fincas, habrá que suponer que se informará de la necesidad de autorizar las transferencias.

Creo que el paso dado en al reunión de este lunes no es baladí, ni mucho menos, pero, claro, los agricultores y los ganaderos necesitan una fecha orientativa  (bueno, mejor el ingreso) porque me temo que la Administración autonómica tampoco tiene muchos duros para adelantarlos.

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