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Publicado por Ángel Cuaresma

Allá por la emblemática fecha del 8 de marzo, la presidenta de la Comunidad de Madrid, la políticamente maltratada Isabel Díaz Ayuso, daba un golpe de efecto, se adelantaba, una vez más, a sus menguantes rivales y, en el ejercicio de sus competencias, convocaba elecciones autonómicas.

La decisión coincidía con una extraña alianza de los liberales de Ciudadanos con la nada liberal izquierda española (ay, española) para desbancar al PP de los gobiernos autonómicos de Madrid, Murcia, Castilla y León y del Ayuntamiento de Murcia. Pronto podría llegar Andalucía.

Obviando lo ya sucedido en nuestra Comunidad y en Murcia, estos días toca analizar una convocatoria, tan madrileña como nacional, que coincide con una tan prolongadísima como ineficaz campaña por tierra, mar y, sobre todo, aire, contra la que puede ser nueva, si no última, esperanza del PP. La campaña, insisto, ineficaz, ha bombardeado a la presidenta (hoy en funciones) y, por ende, al resto de los mortales, en la televisión (todas las que emiten en abierto), la radio (muchas), los periódicos de papel (algunos), los digitales (innumerables) y en las redes sociales. No contentos con ello, los promotores han saboteado los hospitales, con el consiguiente riesgo para los enfermos, han ninguneado a la hoy candidata, han evitado las visitas internacionales y han falseado los datos. Ah, y la han tachado de loca, que es lo que, décadas atrás, hacían los comunistas y los fascistas, encerraban en manicomios a sus rivales políticos. Hay mucha bibliografía sobre la cuestión.

Esto da idea de la poca, poquísima, nula fuerza o influencia que, a día de hoy, tienen los medios de comunicación tradicionales y aún los de la nueva era. Hace años, no demasiados, una campaña mucho menor habría acabado, de un plumazo, con las aspiraciones políticas e incluso con la vida personal de la víctima. Pero eso, hoy, ya no sucede.

Sin embargo, pese a lo favorable de las encuestas, CIStitis incluida, no parece que la exitosa candidatura (con o sin Cantó y Conde)  vaya a obtener mayoría absoluta. Eso de las mayorías absolutas también pasó a la historia. Y aquí comienza el segundo capítulo de esta historia. Si Ciudadanos obtiene los siete escaños del cinco por ciento famoso, ni son suficientes, ni está garantizado a quién apoyarán, de modo que, guste o no guste al otro sector del PP, el de Casado y Egea, no queda otra opción que Vox, se quede éste con los 12 escaños actuales o baje a nueve.

Así las cosas, podríamos estar ante el sueño de cualquier buen feminista: un gobierno presidido por una mujer, Díaz Ayuso, y con otra mujer en la Vicepresidencia, Rocío Monasterio. No es paritario pero es feminista y, desde luego, mucho más feminista que cuatro raquíticas vicepresidencias.

Ya sé que estos es vender la piel del oso con cierta antelación, o derramar el yogur del cántaro de la lechera, pero, entrando o no en el Gobierno, una mujer será investida con los votos de otra.

El presidente nacional de Vox, Santiago Abascal, ya ha anunciado que sus votos impedirán un gobierno de izquierdas. Falta por saber si será gratis, es decir, sin entrar en el Ejecutivo, o se pactarán carteras. La pelota, que no la piedra, vuelve al tejado de Vox.

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