
Es obvio que el sector agrario está viviendo una campaña muy complicada por diferentes circunstancia. En este momento de dudas sobre qué hacer o no hacer con los cultivos, los bioestimulantes emergen como una interesante inversión para optimizar la rentabilidad de los mismos.
Para analizar este mercado, desde AgroNews nos hemos puesto en contacto con Lucas Bernandi, Biologicals specialist de Yara.
Debido a los altos precios de otros insumos, ¿Estamos ante el año de la oportunidad de los bioestimulantes?

El incremento en los precios de los fertilizantes, especialmente los nitrogenados, junto con la creciente incertidumbre climática, hace necesario apostar por herramientas que mejoren la eficiencia del cultivo en el uso de los nutrientes aplicados al suelo, así como su capacidad para superar situaciones de estrés ambiental.
En este contexto, la aplicación de bioestimulantes forma parte de una estrategia de manejo clave para alcanzar estos objetivos, ya que contribuye a optimizar la fisiología de la planta y, en consecuencia, a incrementar el rendimiento del cultivo.
¿Estamos ante una tendencia pasajera o un cambio estructural en la nutrición vegetal?
Los bioestimulantes no son una tendencia pasajera, sino una herramienta consolidada que lleva utilizándose desde hace años. Sin embargo, en la actualidad han cobrado mayor relevancia gracias a una regulación más clara, como el marcado CE para bioestimulantes, que aporta mayores garantías al agricultor en cuanto a su eficacia y fiabilidad.
Además, diversos factores —como la presión sobre los costes de los insumos, las exigencias medioambientales y la variabilidad climática— hacen necesario replantear el manejo del cultivo más allá de la nutrición mineral y los tratamientos fitosanitarios tradicionales.
En este contexto, el uso de bioestimulantes se integra dentro de una estrategia de manejo más sostenible, contribuyendo a mejorar la eficiencia del cultivo y su capacidad de adaptación.

¿Cómo justificaría económicamente el uso de bioestimulantes a un agricultor escéptico?
El precio actual de cultivos como el cereal o la patata hace que muchos agricultores perciban cualquier tratamiento adicional como un coste extra. Sin embargo, si analizamos las condiciones de producción actuales, esta visión cambia.
Factores como el retraso en las siembras o los episodios de calor en momentos críticos del cultivo incrementan el riesgo de pérdida de rendimiento. En este contexto, el uso de bioestimulantes no debe considerarse un gasto, sino una inversión para proteger y optimizar la producción.
Los ensayos realizados en parcelas de agricultores, donde se han aplicado micronutrientes y bioestimulantes, muestran de forma consistente incrementos de rendimiento. Pero lo más relevante es el retorno económico: en muchos casos, se obtiene un retorno de la inversión de entre 2 y 5 veces el valor invertido en el tratamiento.
Por tanto, más que un coste adicional, los bioestimulantes representan una herramienta para mejorar la rentabilidad del cultivo en un entorno cada vez más exigente e incierto.
¿Cómo varía la respuesta del cultivo a los bioestimulantes según condiciones de estrés (sequía, salinidad, temperaturas extremas)?
Los bioestimulantes mejoran la capacidad del cultivo para percibir situaciones de estrés y activar sus mecanismos de defensa. Además, favorecen el desarrollo radicular, lo que permite una mayor absorción de agua y nutrientes, optimizando el uso de los recursos disponibles, especialmente en condiciones de escasez.
También contribuyen a regular la transpiración del cultivo, reduciendo la pérdida de agua y ayudando a un mejor control de la temperatura de la planta. Por último, al mejorar la eficiencia fisiológica, permiten una recuperación más rápida tras episodios de estrés en comparación con plantas no tratadas.
No obstante, es importante entender que su efecto no es “milagroso”: su mayor eficacia se da cuando se aplican de forma preventiva o en las primeras fases del estrés, formando parte de una estrategia de manejo integral.
En resumen, cuanto mayor es la presión de estrés —siempre que no sea un daño irreversible—, mayor suele ser el potencial de respuesta del cultivo al uso de bioestimulantes, tanto en rendimiento como en estabilidad productiva.

¿En qué momento del ciclo del cultivo se obtiene el mayor impacto de estos productos? ¿Cómo se integran los bioestimulantes dentro de un programa de fertilización tradicional?
El cultivo necesita adaptarse y equilibrarse con el entorno a lo largo de toda la campaña, no solo frente a las condiciones climáticas, sino también ante intervenciones agronómicas como la aplicación de fitosanitarios, especialmente herbicidas.
Es habitual que los agricultores observen una “parada” del cultivo tras la aplicación de herbicidas. La incorporación de bioestimulantes junto con estos tratamientos ayuda a reducir ese efecto, permitiendo que la planta mantenga su actividad y esté mejor preparada para afrontar futuros episodios de estrés.
En términos de impacto, los mayores beneficios de los bioestimulantes se reflejan en el incremento del potencial productivo del cultivo. En cereales, por ejemplo, este efecto se traduce en un mejor ahijamiento y un mayor peso de grano. En el caso de la patata, un correcto posicionamiento permite mejorar la tuberización, así como la calidad y uniformidad del producto final. En la colza, vemos mejor floración y cuaje de vainas, lo que es determinante para productividad.
¿Qué papel juegan los bioestimulantes dentro de la estrategia global de Yara a medio y largo plazo?
La gama YaraAmplix, que son los bioestimulantes de Yara, tienen papel fundamental a día de hoy para el desarrollo de nuestro negocio. Estamos enfocados en desarrollar soluciones sostenibles, que incrementen productividad, reduzca la pegada de carbono y que contribuya para el desarrollo de un manejo de agricultura regenerativa.
¿Qué indicadores clave utiliza Yara para medir la eficacia real de un bioestimulante en condiciones reales de cultivo?
Yara evalúa la eficacia de los bioestimulantes a través de indicadores agronómicos y económicos medidos en condiciones reales de campo. Para ello, cuenta con un equipo técnico cualificado que realiza el seguimiento de parcelas demostrativas, analizando el comportamiento del cultivo a lo largo de toda la campaña, desde el desarrollo inicial hasta la cosecha.
Entre los principales indicadores destacan el incremento de rendimiento, la mejora en parámetros de calidad, la uniformidad del cultivo y su capacidad de recuperación frente a situaciones de estrés. Además, se evalúan aspectos fisiológicos como el desarrollo radicular o la eficiencia en la absorción de nutrientes.
A nivel económico, uno de los puntos clave es el retorno de la inversión, comparando el coste del tratamiento con el beneficio obtenido en producción.
Yara también complementa estas evaluaciones con herramientas digitales que permiten monitorizar el desarrollo del cultivo mediante imágenes satelitales, facilitando un seguimiento más preciso y una toma de decisiones más ajustada. Asimismo, herramientas como Tankmix, un sitio web de acceso abierto para consultar mezclas de tanque con nuestros productos, aportan seguridad al agricultor al garantizar la compatibilidad de los bioestimulantes con fitosanitarios, optimizando así su aplicación en campo.











