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Aunque ya se trataba de un producto que estaba ganando adeptos en el conjunto de la sociedad en los últimos años, la aparición de la pandemia del coronavirus que ha desatado una desmedida tendencia por la limpieza, absurda en muchos casos para luchar contra esa enfermedad, que ha provocado una proliferación mayor todavía del mismo. Estamos hablando del clorito sodico y del  clorito sodico al 25%, un producto conocido desde hace muchos años y empleado especialmente en la industria, muy en particular, en la de papel como elemento blanqueador del mismo pero que ha ido ganando adeptos en otras muchas actividades.

Antes de lanzarnos a la compra compulsiva de este producto, el primer consejo es optar como profesionales que conozcan el producto y nos puedan aclarar cómo utilizarlo, las posibilidades que tiene y, por que no decirlo, los riesgos que puede ocasionar su empleo en caso de no cumplir con las cantidades que se deben aplicar.

Partiendo de la base de esa necesaria información de un profesional en la materia, lo cierto es que este producto se puede utilizar para potabilizar agua, algo carente de sentido en una sociedad como la española donde cualquier pueblo o ciudad de nuestra geográfica ofrece a sus conciudadanos un producto de calidad y con todos los requisitos sanitarios, pero especialmente lo agente desinfectante de distintos productos.

Además, del ya comentado uso en la industria de papel como blanqueante, se ha empleado mucho en la limpieza de frutas y verduras, para evitar que a través de ellas nos pueda llegar algún tipo de microorganismo infeccioso que pueda dañar nuestra salud como consecuencia, por ejemplo, de algún tipo de alergia, o que nos pueda transmitir algún tipo de enfermedad como podía ser el casi del E.Coli. Todo ello sin afectar ni al aspecto del producto ni al sabor del mismo.

Vinculado a lo anterior, y dada la capacidad que tiene este producto para actuar como como bactericida, antiviral y fungicida, permite acabar con la película biológica que aparece en determinadas superficies de ciertos elementos, y con ello tratar de evitar problemas tan serios como la listeria. No podemos olvidar que con el dióxido de cloro se puede destruir la ya citada capa biológica que es la que emplean las bacterias para extenderse. Estas circunstancias hacen que sea un producto que pueda ser mi interesante para la higiene de suelos, paredes… en la industria agroalimentaria, sin olvidar que tiene la capacidad de mitigar los malos olores que se puedan producir por la actividad diaria.

Por tanto, son muchas las posibilidades que ofrecen estos productos tanto para el día a día personal como en el uso más industrial, aunque siempre con el asesoramiento de un experto que nos indique las cantidades y cuantías que tenemos que utilizar para la actividad en lo que lo vamos a emplear.

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