
El tercer trimestre de 2025 deja una fotografía compleja para el sector agrario español. Aunque la ocupación cae un 2,3% respecto al segundo trimestre, el balance interanual muestra un crecimiento del 2%, lo que indica que el empleo en el campo ha resistido mejor de lo previsto tras la finalización de varias campañas agrícolas. Sin embargo, los problemas estructurales siguen presentes, aseguran desde la sectorial de industria de Comisiones Obreras: alta temporalidad, brecha de género y la necesidad urgente de avanzar hacia un convenio estatal que homogeneice las condiciones laborales.
Evolución del empleo agrario: leve retroceso estacional, mejora interanual
Según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) correspondientes al tercer trimestre de 2025, el número de personas ocupadas en el sector agrario se situó en 747.300, lo que supone 17.400 empleos menos que en el trimestre anterior (-2,3%). Este descenso estacional es habitual al cierre de las campañas de verano, como las de frutas, hortalizas y vendimia, que concentran gran parte del empleo temporal en el campo.
No obstante, el dato adquiere un matiz positivo si se compara con el mismo periodo del año anterior. En el tercer trimestre de 2024 había 13.600 personas menos trabajando en el sector, lo que implica un incremento interanual del 1,9%. Se confirma así la tendencia observada el año pasado: caída trimestral puntual tras las campañas, pero un crecimiento sostenido a largo plazo.
El informe de CCOO de Industria subraya que esta evolución refleja la “normalización estacional del empleo agrario”, pero alerta de que la mejora no es homogénea entre territorios ni entre colectivos.
El paro agrario aumenta un 8,7% en el trimestre, pero cae un 5,9% interanual
La EPA también señala que el paro agrario afectó en este trimestre a 133.700 personas, lo que supone 10.800 más que en el segundo trimestre (+8,7%). Este incremento responde, según el sindicato, al efecto directo del fin de campañas intensivas. Sin embargo, el dato anual es más alentador: el número total de personas paradas en el campo es 8.400 menor que en 2024, es decir, una reducción interanual del 5,9%.
Este comportamiento mixto —repunte trimestral y mejora anual— sugiere que el sector agrario mantiene una capacidad de absorción del empleo mayor que otros sectores con características similares.
La población activa del sector, no obstante, se redujo en 6.700 personas durante los últimos tres meses (-0,8%), lo que indica una ligera contracción de la oferta de trabajo rural. Según los analistas de CCOO, esta reducción podría deberse al envejecimiento del sector, la falta de relevo generacional y las condiciones laborales poco atractivas.
El 35,5% del paro agrario tiene rostro de mujer
El informe resalta un dato especialmente significativo: más de un tercio (35,5%) de las personas paradas en el sector agrario son mujeres, frente al 24,8% que representan en el conjunto de la población ocupada. Esto refleja una feminización del desempleo rural, que persiste a pesar de las reformas y políticas de igualdad implementadas en los últimos años.
Esta situación confirma que la desigualdad de género sigue siendo una seña de identidad del sector agrario español. Las mujeres, además de sufrir mayores tasas de desempleo, tienen una presencia menor en los empleos estables y más cualificados del sector.
La temporalidad repunta: 32% de contratos temporales
A pesar de los avances logrados tras la reforma laboral, el campo sigue siendo uno de los sectores con mayor tasa de temporalidad. En el tercer trimestre de 2025, el 28,31% de los contratos agrarios eran temporales, frente al 27,32% del año anterior.
Entre las mujeres, la cifra asciende al 32,1%, mientras que entre los hombres se sitúa en el 27,1%. Esta diferencia de cinco puntos porcentuales pone de manifiesto la persistente brecha de estabilidad laboral entre géneros.
La ocupación a tiempo parcial también aumentó, alcanzando el 6,7%, frente al 4,7% registrado en el mismo periodo de 2024. Este crecimiento puede interpretarse como un intento de mantener vínculos laborales con el sector, aunque bajo fórmulas de menor dedicación y menor protección social.
CCOO: avances, pero con tareas pendientes
El sindicato CCOO de Industria valora positivamente el impacto de la reforma del mercado de trabajo, que ha contribuido a la estabilización de muchos contratos agrarios. No obstante, advierte que el fraude laboral y la temporalidad encubierta siguen presentes, especialmente en sectores como el hortofrutícola o el del olivar, donde se acumulan denuncias por irregularidades en la contratación.
Por ello, la organización sindical insiste en la necesidad de reforzar la Inspección de Trabajo y de avanzar hacia un convenio estatal agrario, que permita homogeneizar las condiciones laborales, mejorar los salarios y garantizar la igualdad entre comunidades autónomas.
Asimismo, CCOO considera prioritario impulsar planes de igualdad efectivos, con especial atención a la formación, conciliación y corresponsabilidad en el medio rural, donde la mujer sigue encontrando barreras estructurales para acceder y mantenerse en el empleo.
Diferencias territoriales: ocho comunidades crean empleo agrario
Por comunidades autónomas, los datos de la EPA reflejan una evolución dispar. En los últimos doce meses, el empleo agrario creció en ocho regiones:
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Aragón
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Baleares
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Castilla y León
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Castilla-La Mancha
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Catalunya
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País Valencià
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Extremadura
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Navarra y Euskadi
Estas comunidades registraron un aumento neto de ocupación agraria, aunque en algunas de ellas —como Aragón o Castilla-La Mancha— también se incrementó el paro, reflejando un mercado laboral más dinámico pero aún inestable.
Por el contrario, regiones como Andalucía o Murcia, tradicionalmente tractoras del empleo agrario, sufrieron descensos en la ocupación, asociados al impacto climático (sequías prolongadas, olas de calor) y a la disminución de las cosechas.
El futuro del trabajo agrario: igualdad, estabilidad y digitalización
El diagnóstico es claro: el sector agrario español ha logrado estabilizar su empleo tras varios años de descensos, pero enfrenta tres grandes desafíos estructurales. Primero, la igualdad de género, que exige políticas específicas y vigilancia activa. Segundo, la reducción de la temporalidad y el fraude laboral, para convertir al campo en un espacio laboral digno y estable. Y tercero, la adaptación tecnológica y digital, que será esencial para atraer a nuevas generaciones y mejorar la productividad.
Los datos del tercer trimestre de 2025, aunque moderadamente positivos, confirman que la transformación del sector debe ser social, laboral y estructural. Solo así podrá consolidar un modelo sostenible y competitivo que garantice el relevo generacional, la igualdad y la justicia laboral en el medio rural.












