
Un nuevo ataque de buitres ha vuelto a sacudir al sector ganadero del norte de Burgos. En esta ocasión, el suceso se produjo el viernes 28 de febrero en una explotación cercana a la localidad de Valle de Mena, en la comarca de Las Merindades, con un resultado dramático: una vaca y su becerro murieron tras ser atacados durante el parto.
El comunicado de prensa asegura que el propietario de la explotación, Víctor Álava, ganadero de vacas Angus, relató una escena “espantosa”. Según su testimonio, ambos animales presentaban heridas de gravedad tras las mordeduras, con los huesos visibles, y fallecieron desangrados horas después.
Este nuevo episodio, según denuncia la organización agraria COAG, no es un hecho aislado, sino parte de un problema que empieza a considerarse sistémico en la zona.
Un parto convertido en tragedia
La nota de prensa explica que los buitres, aparentemente atraídos por el olor de la placenta, se abalanzaron sobre la vaca en pleno proceso de parto. El ganadero asegura que la bandada estaba compuesta por aproximadamente 50 buitres.
Según el relato recogido en el comunicado:
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Los buitres se lanzaron sobre la res mientras estaba pariendo.
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Con el pico, terminaron de extraer al becerro que estaba naciendo.
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Ambos animales fueron devorados mientras aún estaban con vida.
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Fallecieron horas después como consecuencia de las heridas.
Víctor Álava señala que, al sorprender a los animales, al menos cinco buitres huyeron con la cabeza y parte del tronco completamente cubiertos de sangre.
El impacto no es solo económico, sino también emocional. El comunicado recoge la crudeza del momento y el profundo malestar del ganadero afectado.
Las Merindades: una problemática cada vez más recurrente
COAG advierte que los ataques a vacas durante el parto por parte de buitres, tradicionalmente considerados animales necrófagos, comienzan a repetirse con frecuencia en Las Merindades y comarcas adyacentes del norte de Burgos, así como en otras zonas de Castilla y León.
La organización agraria sostiene que estos episodios están dejando de ser casos puntuales para convertirse en una tendencia preocupante.
Según trasladan los ganaderos a COAG, existe además un factor que agrava la situación: el comportamiento aprendido de estas aves.
“Lo peor de todo”, aseguran los ganaderos, “es que estas aves aprenden. Cada vez están más pendientes de los animales más alejados del rebaño. Terminarán atacándolos también”.

Gestión de muladares y cambio de comportamiento del buitre
Uno de los ejes centrales de la denuncia de COAG es la gestión de los muladares, espacios habilitados para alimentar a estas aves carroñeras.
La nota de prensa asegura que la organización considera que la situación actual es consecuencia de una gestión ineficiente de estos puntos de alimentación. Según defienden:
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Los muladares deben servir para garantizar alimento suficiente a los buitres.
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Su correcta gestión permitiría adelantarse a incursiones en explotaciones ganaderas.
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La falta de cadáveres en el campo ha alterado el equilibrio tradicional.
El comunicado de prensa recuerda que, tras la crisis de las vacas locas, se eliminó normativamente la presencia de cadáveres en el campo, que históricamente habían sido una fuente de alimento para los buitres. Esta desaparición, sumada a una gestión que consideran deficiente, estaría forzando a estas aves a buscar alimento en explotaciones activas.
COAG insiste en que los buitres “se ven obligados a atacar con el único afán de alimentarse”.

De necrófagos a depredadores: la tesis que defiende COAG
Uno de los puntos más contundentes del comunicado es la afirmación de que el buitre estaría mutando su comportamiento.
COAG sostiene que estas aves “ya no son necrófagas” y que se están comportando como depredadoras, equiparando sus ataques a los del lobo. La organización asegura que existe evidencia científica que avala este cambio de conducta.
Desde esta perspectiva, los ataques no deberían tratarse como hechos excepcionales, sino como daños causados por fauna salvaje con carácter depredador.

Sin indemnización automática: el coste del seguro
Otro de los aspectos que denuncia COAG es la ausencia de compensaciones automáticas para los ganaderos afectados.
El comunicado de prensa señala que:
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Los ataques de buitres no están cubiertos por indemnizaciones públicas.
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Solo estarían cubiertos si la explotación dispone de un seguro contra ataques de animales salvajes.
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Este seguro tiene un coste aproximado de 1.300 euros anuales.
Para muchos ganaderos, asumir ese coste adicional supone una carga económica significativa, especialmente en explotaciones de tamaño medio o pequeño.
COAG exige que, dado el cambio de comportamiento atribuido al buitre y el carácter reiterado de los ataques, se articule una compensación específica que cubra estos daños sin obligar a los productores a contratar seguros adicionales.
Golpe económico y moral al sector ganadero
Más allá del valor económico de una vaca y su ternero —especialmente en una explotación de raza Angus—, la nota de prensa subraya el impacto moral que estos episodios tienen sobre los ganaderos.
El parto es uno de los momentos más delicados en una explotación bovina. La pérdida de la madre y la cría no solo afecta a la producción futura, sino que supone un duro golpe emocional para el profesional que convive diariamente con el ganado.
COAG insiste en que este tipo de situaciones genera:
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Inseguridad en el manejo del ganado.
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Mayor vigilancia y costes indirectos.
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Sensación de desprotección institucional.
Reivindicación clara: ayudas y gestión eficiente
La organización agraria reclama dos medidas concretas:
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Una gestión eficiente de los muladares para evitar que los buitres se acerquen a explotaciones en activo.
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La articulación de compensaciones económicas cuando se produzcan ataques.
COAG concluye que, si el comportamiento del buitre ha cambiado y se comporta como depredador, el tratamiento administrativo y compensatorio debe adaptarse a esa nueva realidad.
El comunicado cierra con la exigencia de que las administraciones públicas actúen ante un problema que, según denuncian, ya no puede considerarse aislado.









