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  • ASAJA repasa la situación de los principales cultivos en la región

Sube el maíz, baja la remolacha; más cebada, menos girasol. Así define en un reciente artículo publicado por ASAJA Castilla y León en su periódico "Campo regional" la situación de los diferentes cultivos en la región, tras analizar los datos ofrecidos por las solicitudes de la PAC.

Detrás de todos estos cambios en las siembras, “está la lucha del agricultor por mantener la rentabilidad de su explotación. Los agricultores somos pequeños empresarios que tratamos de ajustar trabajo, costes e inversiones para avanzar, dentro de las siempre escasas posibilidades que están a nuestro alcance”, señala Donaciano Dujo, presidente de la organización agraria en esta comunidad autónoma.

Cada campaña baja el número de solicitantes PAC, pero lo que se mantiene casi inalterable es la superficie total: la cifra de 5,2 millones de hectáreas se repite desde hace años. Esa superficie engloba cereales, pastos, forrajes, cultivos industriales, proteaginosas, oleaginosas, barbechos…

Aunque a simple vista podría pensarse que no hay caídas o subidas espectaculares, para el observador atento sí que hay cambios significativos que merece la pena interpretar.

Empezando por los cereales, vemos, destacan desde ASAJA cómo gana superficie la cebada, mientras que disminuye el trigo. Si el año pasado teníamos 826.000 hectáreas de cebada, este año se ha pasado a 860.000; mientras, el trigo ha experimentado la tendencia inversa, pasando de las 825.000 hectáreas de 2019 a las 770.000 de este 2020. A pie de campo, los agricultores han podido comprobar la evolución de ambos cultivos: mientras que la cebada avanzaba sin problemas, el trigo tenía que sortear hierbas y enfermedades sin fin.

Algo está fallando en las variedades que ofrecen los semillistas, que no parecen adaptadas a Castilla y León, sino que se diseñan para otras partes de Europa. Eso sí, luego tiene el agricultor que pagar religiosamente los royalties correspondientes.

Otro cultivo en el que han bajado las siembras ha sido el girasol. El año pasado eran 296.000 hectáreas, mientras este año son 270.000. Siendo de las poquísimas alternativas

a los cereales, debería repuntar, pero los precios a los que se paga la pipa muchas veces no cubren ni los gastos. Entra pipa o directamente aceite a granel procedente de Europa del Este, y marcas muy conocidas españolas no tienen ningún reparo en embotellarlo sin identificar la procedencia del girasol.

El maíz, en cambio, año a año suma superficie. Los buenos resultados en los rendimientos, y la relativa comodidad que las tareas que precisa, explica que hoy Castilla y León encabece la producción nacional, con León como motor principal. En 2018 la región sumaba 110.000; en 2019, un total de 122.000, y este 2020 se acerca a las 130.000 hectáreas.

Por el contrario, dos cultivos estrella desde siempre de nuestra comunidad van perdiendo año a año superficie, aunque España consuma más de lo que produce en ambos casos: la patata y la remolacha. Si el año pasado había más de 19.000 hectáreas de patata, este año hay poco más de 18.000, las amenazas y comentarios de envasadores y distribución apuntando precios a la baja han desanimado las siembras. Y qué decir, señalan desde ASAJA, de la remolacha: en pocos años se ha  pasado de 30.000 (cuando el AMI estaba vigente) a las 25.000, luego a las 21.500 del año pasado y este 2020 se toca fondo (por ahora) con solo 18.000 hectáreas. Por primera vez en la historia reciente de Castilla y León, hay menos de remolacha que de patata.

Mientras, la industria sigue con sus promesas, la distribución atornilla al sector todo lo que puede, y los gobiernos demasiadas veces prefieren mirar para otro lado. Detrás de todos estos cambios está la lucha del agricultor por mantener la rentabilidad de su explotación. Los agricultores, afirman desde ASAJA, son pequeños empresarios que tratamos de ajustar trabajo, costes e inversiones para avanzar, dentro de las siempre escasas posibilidades que están a su alcance.

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