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El Paraninfo Gordón Ordás de la Universidad de León (ULE) acogió, recientemente, la incorporación de Juan Manuel Lomillos Pérez a la Academia de Ciencias Veterinarias de Castilla y León (AVETCYL), en un acto solemne en el que fue presentado por su padrino, Vicente González Eguren, que glosó la figura del nuevo académico y recordó su paso por la Facultad de Veterinaria de la ULE, en la que se formó y en donde realizó su doctorado, para iniciar después una brillante trayectoria docente e investigadora que en la actualidad le ha llevado a impartir clases en la Universidad Ceu Cardenal Herrera de Valencia.

El discurso de ingreso de Lomillos, titulado ‘Del uro salvaje al toro de lidia: Evolución de una raza sin parangón’, quiso constituir un homenaje a un animal “inigualable, controvertido, único … que no llegamos a conocer en profundidad y que suscita una de las más grandes de las pasiones de la sociedad española”, si bien finalizó con una conclusión francamente pesimista en torno a su futuro.

En su intervención, el nuevo académico explicó que la raza de lidia es una raza muy poco estudiada en comparación con otras razas bovinas cárnicas o lecheras. “Muy pocos trabajos, -afirmó-, han sido publicados en revistas de impacto científico”.

Al ser el bovino de más valor económico en el mercado, “su cría se lleva a cabo con los máximos cuidados, comparables a un animal deportivo del más alto nivel”. Es por ello que el veterinario se ha tenido que especializar en el trato de este animal, que “precisa de un manejo anestésico específico, protocolos quirúrgicos propios, como la resolución de cornadas y hernias, y un manejo alimentario y sanitario particulares”.

SELECCIÓN ORIENTADA HACIA LA PREPONDERANCIA DE LA BRAVURA

La evolución del animal a lo largo de los siglos se ha basado en una selección orientada hacia la preponderancia de un carácter psicológico denominado bravura. Los datos señalan que el ganado bravo constituye la raza autóctona más numerosa de nuestro país, y está distribuida en 836 ganaderías, que ocupan más de 400.000 hectáreas de dehesa.

Tal y como explicó Lomillos, es considerado el máximo exponente de la cría extensiva, por sus particularidades etológicas, la necesidad de amplios espacios y la dificultad en el manejo que presenta. A su vez, se trata de una raza de gran rusticidad, capaz de adaptarse y aprovechar todo tipo de terrenos, incluso aquellos de climatología extrema

“La mayoría de las ganaderías, -afirmó-, se enmarcan en territorios adehesados jugando un papel muy importante en el mantenimiento de la biodiversidad. Muchas de ellas están ubicadas en parques naturales y algunas en parques nacionales, donde contribuyen a la conservación del ecosistema.

 

En esta misma línea, Lomillos comentó que estos animales “presentan un grado de rusticidad y de adaptación al medio que permite el aprovechamiento óptimo de todos los recursos naturales, desde los pastizales pobres hasta el ramón y los frutos de los árboles. Además, su menor tamaño, en comparación con otras razas de ganado vacuno, facilita su movilidad y la integración en el medio natural”.

Las condiciones de cría en grandes fincas, en un ambiente de tranquilidad, junto con el aprovechamiento de las dehesas más pobres y, generalmente, más aisladas, “favorecen a otras muchas especies de la fauna española, algunas de ellas en serio peligro de extinción como el lince ibérico o el águila imperial”. En su conjunto, el bioclima de este bóvido es duro y extremo y la vacada atraviesa etapas de escasez en el pasto que son paliadas por el ganadero con suplementos alimenticios.

EL MONOPOLIO DEL ‘ENCASTE DOMECQ’

De gran interés resultó el recorrido que efectuó Lomillos por los encastes y la evolución sufrida. “En nada se semejan, -explicó- el toro actual al de hace varios siglos. Los ganaderos de bravo atendiendo a las pautas que en cada época marcaban los públicos y los toreros, han dirigido la selección de la raza. Durante tres siglos han transformado la fiereza salvaje del animal antiguo, hacia la bravura y nobleza del toro moderno, mediante la selección y la mejora genética, de manera que el animal actual embiste de una forma más controlada, humilla y se emplea más y durante más tiempo de lidia”.

También explicó como a partir de los años 90, de manera gradual y gracias a una estrategia comercial de algunos ganaderos como Juan Pedro Domecq, “ha ido disminuyendo la diversidad de encastes presentes en las ferias, en un camino dirigido hacia un monopolio del encaste Domecq, lo que se denomina el ‘monoencaste’, una homogeneidad morfológica y de comportamiento que pasa a ser noble y predecible”.

En su reflexión final, el nuevo académico de la AVETCYL afirmó que “tenemos ante nosotros un animal único como es el toro de lidia, con una larga e interesante historia, que ha marcado su evolución racial y desarrollo productivo hasta la actualidad. Hoy en día la raza se encuentra en un momento clave para el estudio y conservación de su gran diversidad genética, morfológica y etológica, representada por la gran variedad de castas, encastes y líneas genéticas, de los que una gran parte corre serio peligro de desaparición”.

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