El marcador se puso en marcha ya hace tiempo. Que nuestro planeta se está calentando, es más que evidente. Desde finales del siglo XIX, algo más de un grado, pero nadie entonces calculó las repercusiones de la industria y su continua incidencia sobre el clima y el medio ambiente. Pero tampoco del transporte y de todos los demás procesos productivos que en definitiva han contribuido a generar la situación actual.

Toca aprender de esta parte de nuestra historia para no cometer los mismos errores.

La actividad humana, la actividad antropogénica, es la responsable de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) culpable del calentamiento global. No ha parado de crecer en los últimos 150 años la aparición y la acción de los combustibles fósiles, petróleo, gas y carbón, que son a su vez los inductores del 95% de esos GEI.

Es evidente que hay que ir eliminando cuanto antes su uso, sustituyéndolos por energías limpias renovables y sostenibles.

Porque, además, nuestro país supera la elevada temperatura media del planeta. Aquí las temperaturas han subido 1,6 grados centígrados en los últimos 50 años. La última década ha sido la más cálida desde que hay registros de temperatura. Veranos cada vez más largos, que roban tiempo a la primavera y al otoño.

Actualmente, tenemos veranos que duran cinco semanas más que en los años 80. A razón de 9 días más cada 10 años. Tenemos altísimas temperaturas en mayo con registros de 13 y 14 grados más que la media de un mayo normal.

Es evidente que esto lo hemos constatado todos los agricultores viendo como a primeros de mayo teníamos en nuestras manos una buena cosecha y un mes más tarde lo hemos perdido.

Nosotros los agricultores y ganaderos somos los más interesados en que se tomen medidas, en que se cumplan los acuerdos del clima de París, porque en caso contrario nuestra producción sufrirá pérdidas aún mayores de las que ahora ya sufrimos.

Actualmente estamos perdiendo el 6% de nuestra producción agraria por los efectos del cambio climático. 550 millones de euros anuales, cantidad que ha cuantificado el doctor Pablo Resco, técnico de COAG, en su magnífico trabajo sobre el cambio climático: “Empieza la cuenta atrás. Efectos del cambio climático en la agricultura”.

Y como el propio Pablo Resco explica, de seguir esta evolución de aumento de un grado perderemos en Castilla y León el 10% de los rendimientos de trigo y el 23% de los de girasol.

Nosotros como agricultores y responsables del 13% de GEI somos parte de la solución. Si optimizamos todos los recursos agrícolas y ganaderos nuestras emisiones serían neutras. Es decir, cero emisiones.

Si descontamos la absorción de CO2 por nuestros campos y aprovechamos todos nuestros subproductos la como paja, restos de poda de viñedos, de los frutales, de la inmensa extensión y producción de olivos y masa forestal, todo para la elaboración de pellets para combustión, avanzaríamos mucho.

Y lo mismo debemos hacer con nuestra gran cabaña ganadera que genera gran cantidad de estiércol y purines.  Es la oportunidad para comenzar ya a producir biogás (metano) y de paso, resolver un problema medioambiental con los purines por sus olores molestos y así prevenir también contaminación de los suelos.

Estas energías limpias y renovables son neutras en emisiones de GEI. Por lo cual nuestro sector agrario, como decía antes, es la solución.

“Empieza la cuenta atrás”. No perdamos más tiempo.

Por Lorenzo Rivera, Coordinador de COAG Castilla y León 

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