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La Asociación Española de Municipios del Olivo (AEMO), según publica ASAJA Jaén, ha actualizado su Estudio de Costes del Cultivo del Olivo, elaborado en 2010, considerando tanto la actualización de precios unitarios (personal y maquinaria, entre otros imputs), como el progreso de ciertas técnicas de cultivo derivadas de avances tecnológicos que se han dado en los últimos 10 años, sobre todo relativos a poda y recolección. Los costes de producción totales por litro de aceite son los siguientes:

Entre las principales conclusiones del documento está el hecho de que los costes del cultivo del olivo, y de la obtención derivada de un kilogramo de aceite, son en general altos si se comparan con los precios que marca el producto en origen, especialmente en las tres últimas campañas y cuando se trata de sistemas tradicionales.

Existen diferencias significativas en los costes de producción entre los distintos sistemas de cultivo, resultando, como era de esperar, los sistemas intensivo y superintensivo los más ajustados debido a que su mecanización optimiza la producción. En cualquier caso en este trabajo no se han considerado los costes de amortización de la plantación, que deberán ser retraídos, en cada caso, de los márgenes resultantes.

El olivar intensivo y superintensivo o en seto tienen costes de producción parecidos, no habiéndose considerado en este trabajo la vida útil de sendas tipologías de plantación. Los costes de implantación de estos dos sistemas se muestran en el anexo al trabajo.

Los olivares tradicionales, tanto mecanizables como no mecanizables, se encuentran en una franja de costes superiores a los precios actuales de mercado. Esta circunstancia entienden que es grave si, como se expone en el trabajo, suponen más del 71% de la superficie de olivar cultivada en España. Ante esta circunstancia, el estudio entiende que solo caben tres soluciones: el aumento del precio del aceite vía promoción y aumento de la demanda, la reducción de los costes optimizando la mecanización o el cambio del sistema de cultivo mediante una reconversión racional a olivares más intensivos y mecanizables.

El caso de los olivares tradicionales que vegetan en alta pendiente (no mecanizables) es el más preocupante puesto que no es viable el cambio de sistema de cultivo, ni aumentar la mecanización para reducir costes. Desde AEMO entienden que la única salida de este olivar es aumentar el valor añadido de su aceite, que ciertamente tiene características diferenciales como puede ser la producción ecológica, y habilitar o potenciar ayudas públicas adicionales asociadas al papel medioambiental de éste olivar asociado a comarcas de sierra y alto valor paisajístico.

En el reparto de costes de los distintos sistemas de cultivo, la recolección es el más importante, acercándose al 40% en sistemas tradicionales, y su optimización mediante la máxima mecanización resultará clave en la búsqueda de la rentabilidad de la explotación.

Los costes de riego, quizás por la rentabilidad derivada de su instalación, son a menudo ignorados y a la vista del presente documento deben ser tenidos en cuenta, considerados y optimizados al suponer hasta un 20% del total de gastos en una explotación de regadío.

El coste de mantenimiento del suelo resulta de gran importancia en porcentaje siendo además la tarea de cultivo de más complejidad técnica. Para su optimización y mejor manejo económico y medioambiental se recomienda el asesoramiento profesional.

El coste de fertilización, según las recomendaciones ofrecidas por los expertos, suponen únicamente un 10% del total. Esto probablemente no sea así en la realidad del olivar español sino que son sensiblemente superiores. Circunstancia que probablemente se pueda corregir con la aplicación de fertilizantes únicamente cuando esté indicado por los análisis foliares. Se presenta pues aquí una oportunidad de recorte del gasto por parte del olivicultor.

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