Eduardo Mongil - Agronews CyL
  • Adrián Domínguez, joven apicultor de San Pedro de Latarce asegura que el etiquetado ayuda, pero que no es la única solución para paliar la competencia que sufren los pequeños productores de miel.

Muchas son las personas que han formado parte del llamado éxodo rural, ese fenómeno social en la que la gente del campo dejó sus raíces para mudarse a la ciudad en busca de futuro mejor. Pero en el caso del apicultor Adrián Domínguez, la historia ha sido diferente. Este joven de 26 años hizo lo que tantos otros en su momento, y consiguió un empleo, pero la precariedad laboral le ha hecho regresar a su San Pedro de Latarce natal. Y no se puede decir que le vaya mal. Desde hace alrededor de un año es profesional de la apicultura con la marca ‘El Pedregal’, y ya se ha llevado el premio Mielolid, destinado a los productores vallisoletanos. Hemos hablado con él para que nos cuente un poco cómo es la vida de un veinteañero que se dedica al campo en pleno año 2021, y a qué problemas se enfrenta en su actividad.

PREGUNTA: ¿Cuál es el motivo de que un joven se decida a quedarse a trabajar en un pueblo como San Pedro Latarce?

RESPUESTA: Yo me marché a Valladolid a estudiar, y tuve la suerte de encontrar trabajo. Pero las condiciones no eran nada buenas. Estuve hasta los 23 en una fábrica en la que había mucha precariedad. Y era muy fácil además cogerse la baja, porque estabas ahí a martillazos y te podía saltar una esquirla o cualquier cosa. Esa situación de no tener una estabilidad termina cansando, porque no puedes planificarte ni para comprar una bolsa de pipas. Así que decidí volver a San Pedro porque además era un año bueno para la miel.

 

P: ¿Y por qué te decidiste por la apicultura?

R: Yo estudié soldadura, y no tenía nada que ver con la apicultura, pero como en casa siempre se ha trabajado con las abejas tenía esa curiosidad. Si hubiese podido acceder a contratos dignos con el otro trabajo igual no habría ni probado. Al principio lo veía más como un ‘hobby’, para ayudar a mi padre, pero acabé dando el paso y estoy contento.

 

P: ¿Ha sido complicado todo el proceso de incorporación a la agricultura? ¿Son suficientes las ayudas?

R: Yo me he incorporado hace nada. Me han asesorado de organizaciones agrícolas, y las ayudas son más grandes de lo que me imaginaba en un principio. Mi idea era casi más llevar una economía de guerra que otra cosa. No me puedo quejar, las subvenciones a jóvenes agricultores son bastante cuantiosas, pero es lo logico, porque si no nadie decidiría quedarse en el mundo rural, con los problemas de servicios que sigue habiendo en muchos pueblos.

 

P: ¿Cómo es un día normal de tu actividad como apicultor? ¿Dedicas muchas horas?

R: La verdad es que sí, como cualquier autónomo (risas). Aunque sea un día que no salgas al campo porque haga frío luego estás todo el día liado. Limpiar, preparar la furgoneta… aprovechas para hacer todo lo que no puedes hacer otro día. Las tareas dependen un poco del clima, pero siempre estoy haciendo cosas, porque además de apicultures, nos dedicamos también a envasar, vender y transportar la miel.

 

P: ¿Es difícil conseguir el etiquetado de miel ecológica para una producción de Castilla y León?

R: Sí, es muy complicado. El CAECyL no certifica así como así. Hay que tener mucha distancia a un foco de contaminación, que son tierras que ya han sido cultivadas y en las que se han usado productos para tratarlas en el pasado. Y en la comarca de Tierra de Campos conseguir eso es imposible. Tenemos otros colmenares, en la montaña de León y en Palencia, que cumplirían los requisitos, pero sería muy difícil llevar todas las explotaciones.

 

P: Pero vuestra producción sí es ecológica

R: Sí, lo hacemos en convencional, pero el manejo es todo lo ecológico que podemos. Llevamos 25 años haciendo agricultura ecológica en otros productos, aunque en la apicultura no podamos etiquetarlo así.

 

P: Y surge también otra pega, la competencia de los productores chinos. ¿El etiquetado es la solución a ese problema?

R: Hay una plataforma de Etiquetado Claro, que hacen muy buen trabajo y buscan ayudar en ese sentido, pero no creo que eso sea la única solución. Yo sí pongo en la etiqueta que mi miel es cruda, porque se queda dura, pero a veces no siempre se etiqueta bien. No hay ninguna miel del supermercado que luego veas que llega diciembre y se haya cristalizado, eso significaría que es porque están pasteurizadas, pero se ven muy pocas que lo pongan así en la etiqueta. Lo que se ponga o no en la etiqueta al final no quita para que se la puedan colar a alguien que no sepa.

 

P: ¿Y crees que hay alguna forma de ayudaros en esa competencia?

R: Sí. Fuera de la Unión Europea seguro que hay buenas mieles, pero lo que suelen mandar a España muchas veces son siropes que compiten contra los productores de aquí. No sirve de nada que se ponga en la etiqueta que es miel de fuera de Europa, yo creo que se deben hacer controles sanitarios y analíticas que digan que eso no es miel. Que si se quiere vender aquí pongan claramente que es sirope, o que es sirope imitación de la miel. No se puede decir que es miel algo que no lo es.

 

P: El problema son los controles que se hacen en España entonces

R: Claro, es que esos controles son los mismos que se hacían hace 40 años. La normativa del etiquetado se puede mejorar, aunque está bastante bien. Pero el problema es lo que te digo, los productores de fuera de la Unión Europea han aprendido ya a saltarse esos requisitos por todos lados, te cuelan melazas de arroz… y se acaba bajando muchísimo el precio.

 

P: Estáis sufriendo mucho también con la varrea

R: Sí, y eso es porque no se está investigando lo suficiente. No puede ser que un ácaro pequeñito, que lleva ya casi 70 años siga sin estar controlado. Necesitamos que se fomente más la investigación apícola y haya inversiones de verdad en nuestro campo.

 

P: Otro de los problemas de la apicultura es que es un trabajo peligroso, o eso dicen. ¿Has tenido algún susto importante?

R: Lo peor es confiarse. Siempre te pica alguna abeja, y las alergias pueden salir en cualquier momento. Tengo a mano a todas horas el Urbason, pero alguna vez sí he tenido algún incidente serio. Un día fui a echar una mano a un apicultor amigo a León, y como tenía el traje abierto o roto me llegaron a picar unas 40. Me impresionó ver la mano como un botijo, la espalda llena de picotazos... la verdad es que me pusieron a vivir (risas).

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