Ignacio López. ASAJAA escasas semanas de la disolución del Parlamento Europeo, que ya se está preparando para la cita electoral de mayo, los eurodiputados parecen volcados en ultimar los distintos expedientes abiertos y hacer balance de su legislatura, que bien les servirá a muchos para defender su permanencia en la Eurocámara los próximos cinco años.

No cabe duda de que en el mandato que se está terminando los eurodiputados han alcanzado cotas de protagonismo y atención de legisladores, mandatarios, funcionarios, grupos de presión y opinión pública en general, hasta ahora poco conocidos, salvo excepciones de parlamentarios “anti-sistema”.

El procedimiento de codecisión, ahora normalizado y llamado proceso ordinario se ha instalado en la toma de decisiones en el interior de la UE, obligando a la omnipresente Comisión a ceder el peso de las negociaciones en beneficio de Ministros y Diputados, manteniendo, eso sí, la iniciativa legislativa.

Las negociaciones “a tres bandas”, conocidas como Trílogos en la jerga comunitaria, han aportado legitimidad, no exenta de complejidad, a la toma de decisiones en políticas europeas, como se ha demostrado en las arduas negociaciones de la Reforma de la PAC, culminadas en junio de 2013, tras largos meses de debates en paralelo y semanas intensas de puesta en común de posiciones entre las instituciones comunitarias. 

Precisamente es en la Reforma de la PAC donde han saltado las alarmas, ante el anuncio de la Comisión de Agricultura del PE de presentar objeciones a los “actos delegados”, que concretan los detalles técnicos de las decisiones políticas adoptadas por Ministros y Parlamento Europeo en el marco de la nueva PAC 2015-2020.

Para que triunfen las posiciones de aquellos que quieren bloquear dichos actos delegados es necesario que el Pleno se pronuncie por mayoría absoluta y rechace en bloque el paquete reglamentario que se presenta.

Es cierto que el papel jugado por el PE en las negociaciones de la Reforma ha sido positivo y constructivo a la hora de imponer racionalidad en las propuestas de la Comisión. No menos cierto es que la propia Comisión ha debido flexibilizar sus planteamientos y ha dado muestras de mayor tolerancia ante las quejas de los Estados miembros, rebajando sensiblemente sus pretensiones en esta fase de negociaciones derivadas de los actos delegados.

A estas alturas de legislatura, a punto de concluir su mandato, un eventual bloqueo del PE implicaría un importante, y posiblemente insuperable, retraso en la aplicación de la PAC en 2015, comprometiendo incluso su puesta en marcha en la fecha prevista, generando inestabilidad y desconcierto entre agricultores y ganaderos que, tras tantos meses de debates e incertidumbres, necesitan un horizonte temporal y una base regulatoria que les permita abordar la planificación de su explotación y la realización de sus inversiones para adaptar su actividad a los nuevos tiempos que se avecinan.

Nuestros diputados europeos deberán sopesar los pros y los contras que supondría dicho rechazo. No vaya a ser que todo se quede en dar una patada a la Comisión en el trasero de los agricultores y ganaderos europeos.

 

Ignacio LÓPEZ GARCÍA-ASENJO

Director de Relaciones Internacionales

ASAJA

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