La deshidratación es el mejor método de conservación para disponer de una alfalfa que conserve todas su propiedades nutritivas y una mayor calidad higiénica durante todas las épocas del año y disminuir los costes de transporte
 

Los forrajes son alimentos imprescindibles para el ganado puesto que proporcionan la fibra necesaria para mantener el funcionamiento del rumen y la salud de los animales. La calidad o el valor nutritivo de un forraje se define como la capacidad para cubrir las necesidades nutritivas y, por tanto, en animales en producción para lograr que presenten un elevado rendimiento productivo (p. ej. en producción de leche).

Henificación de alfalfa

El proceso de henificado de la alfalfa tiene una fuerte dependencia de los factores ambientales (temperatura, humedad relativa del aire, punto de rocío, viento, humedad del suelo, etc.), esta dependencia complica el proceso e incluso puede causar la pérdida, total o parcial, del producto.

Para su correcto secado en condiciones normales, el tiempo necesario para completar el proceso en su totalidad (corte, secado y recogida) oscila entre 6 y 14 días. Son los fenómenos atmosféricos como la lluvia o el granizo los que restan valor nutritivo al forraje por el lavado de nutrientes que implican o porque favorecen la aparición de microorganismos perniciosos como mohos, levaduras, etc., con las pérdidas económicas que esto supone. El efecto de la lluvia es más perjudicial para la alfalfa cuando está parcialmente seca que cuando está recién cortada.

La alfalfa recién cortada pierde el agua rápidamente durante las primeras horas pero, además de la deshidratación, tienen lugar otros procesos, como la oxidación enzimática de la savia e inicio de la actividad de las bacterias y los mohos sobre la superficie del cultivo. Para lograr un secado adecuado es necesario realizar las operaciones de ahuecamiento, esparcimiento o volteo. Dada la morfología de unión de los peciolos de la planta de alfalfa, la unión de las hojas al tallo es frágil y los procesos de manipulación hacen que se rompa más, por lo que a igualdad de estado fisiológico se pierde más hoja durante el henificado que con el ensilado o la deshidratación.

En relación al tiempo de secado, está ampliamente documentado que cuanto más tiempo permanece el forraje en el campo mayores pérdidas de nutrientes se producen, especialmente pérdidas físicas, como pérdidas de hojas y tallos que caen al suelo y no se recogen. Y precisamente en el caso de la alfalfa, el estadio con mayor valor nutritivo es aquél previo a la floración, cuando los contenidos de fibra (FND y FAD) son menores y las estructuras de la planta son más frágiles y fáciles de romper. Por ello, es preciso un correcto manejo para evitar las pérdidas y el deterioro del forraje.

La alfalfa henificada debe ser vigilada periódicamente para comprobar que su estado de conservación es el apropiado. La tierra arrastrada durante el corte, secado o embalado puede producir contaminación microbiana o fúngica, que son agravadas si además no se ha retirado suficiente humedad del forraje y el almacenamiento no permite la suficiente aireación, lo que conlleva un deterioro del producto. En ocasiones la temperatura sube a niveles en que puede ocurrir una combustión espontánea, causando la pérdida de instalaciones. El olor fresco, la apariencia sana y ausencia de polvo están asociados con un correcto secado y procesado.

Deshidratación de la alfalfa

La deshidratación de la alfalfa es un método de conservación diseñado para reducir la dependencia de la climatología que tiene la henificación y minimizar los efectos negativos. La deshidratación reduce las pérdidas de valor nutritivo y mejora la calidad higiénica, consecuencia de una menor contaminación microbiana, que revierte en una mayor seguridad en la conservación futura.

El proceso de deshidratación de la alfalfa se realiza básicamente en dos etapas: la primera en el campo y la segunda en fábrica. Cuando la producción de alfalfa está destinada a la deshidratación, la alfalfa recién cortada es sometida a un proceso de prehenificado en el campo, en el que se mantiene in situ durante 2-5 días para que pierda gran parte de su humedad, situándose en torno al 30%. A continuación, es recogida mediante carros picadores y trasladada a las plantas deshidratadoras.

Una vez en la planta deshidratadora, la alfalfa es clasificada conforme a su humedad y calidad y a continuación, se hace pasar por un trómel o secadero, que es básicamente, un tambor horizontal, cuyo interior dispone de palas de volteo que trabajan a muy baja velocidad, y en el que se insufla aire caliente, que hace que la alfalfa pierda rápidamente el agua contenida en sus estructuras.

Finalizado el secado, se procede a enfriar el forraje y, a continuación, pasa a una prensa empaquetadora que forma los paquetes. En el caso de que el destino de la alfalfa sea la fabricación de pellets, ésta es molida y compactada al diámetro deseado con ayuda de una criba y posteriormente enfriada.

El contenido de materia seca de la alfalfa deshidratada se sitúa normalmente entre el 88 y 92%. El contenido de materia seca es un parámetro importante a la hora de establecer el precio de un forraje. En general, cuanto mayor sea el contenido de materia seca, mayor será el precio del producto porque lo importante es el aporte de nutrientes no de agua. Por ejemplo, en una alfalfa deshidratada con un 95% de materia seca, por cada 1.000 kg estaremos pagando por 950 kg de nutrientes y 50 kg de agua. Si el contenido de materia seca es del 90%, habremos pagado por 100 kg de agua y solo 900 kg de nutrientes.

Conclusiones

Aunque el manejo a la hora de realizar los procedimientos destinados a la conservación del forraje se realicen correctamente, siempre se producen pérdidas inevitables en el rendimiento o en la calidad cuando se comparan con el forraje en su forma natural. Las principales pérdidas se producen durante el cosechado, principalmente por la respiración celular, el manejo mecánico y factores climatológicos como la lluvia. Durante la respiración celular, los azúcares son convertidos a dióxido de carbono y agua, incrementándose el contenido de paredes celulares en detrimento de contenido celular.

Las pérdidas durante el cosechado y el manejo mecánico son directamente proporcionales a su contenido de materia seca. Así, las pérdidas pueden incrementarse del 3-6% al 10-15% cuando se incrementa el contenido de materia seca por encima del 60%. Las pérdidas son mayores en el heno en comparación con el deshidratado pues el manejo del heno se realiza principalmente con altos contenidos de materia seca. La incidencia de la lluvia sobre la pérdida de calidad o el rendimiento es también más evidente en el caso de henificado pues es el sistema de conservación que hace que el forraje esté más tiempo expuesto a los factores climáticos.

Durante el almacenamiento de los forrajes, las pérdidas están relacionadas con la respiración de la planta, la actividad de los microorganismos y la oxidación química. En cualquier caso, las pérdidas durante el almacenaje son ligeramente mayores en el heno de alfalfa que en la alfalfa deshidratada.

La principal desventaja de la deshidratación es una gran inversión. En contraposición, con la deshidratación se consigue una mejor extracción del agua, lo que permite obtener un forraje con un porcentaje muy reducido de agua. Esta circunstancia se refleja en las ventajas añadidas de un menor riesgo de contaminación microbiana y en que al tener un mayor contenido de nutrientes por kg de forraje, el coste de transporte por kilos de nutrientes es menor en la alfalfa deshidratada que en el heno.

 

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