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La Asociación Española de Agricultura de Conservación Suelos Vivos (AEAC.SV) ha presentado el estudio “Beneficios de la Agricultura de Conservación en un entorno de cambio climático”, en el que se analiza el impacto positivo que la Agricultura de Conservación, técnica agrícola consistente en evitar el laboreo del suelo y en la preservación de una cubierta vegetal sobre la superficie del suelo, tiene para el medio ambiente y la agricultura en un entorno de cambio climático. La presentación ha contado con la participación del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, a través de Carlos Cabanas, Secretario General de Agricultura y Alimentación y Fernando Miranda Sotillos, Director General de Producciones y Mercados Agrarios, así como con Jesús Gil Ribes, y Rafael Espejo, presidente y vicepresidente respectivamente de la AEAC.SV.

Informe completo: http://www.agriculturadeconservacion.org/Estudio_AEAC.pdf

La generalización de esta práctica agrícola, basada en la siembra directa, el mantenimiento del suelo con una cubierta protectora de forma permanente así como la rotación y diversificación de cultivos puede llegar a compensar el 112% de las emisiones de CO en la agricultura española. Este aspecto resulta especialmente relevante, si se tiene en cuenta que el 9% de los Gases de Efecto Invernadero emitidos por la UE provienen de la agricultura.

Las regiones agrícolas mediterráneas se verán especialmente impactadas por el incremento de temperaturas y la disminución de lluvias, las cuales, se producirán cada vez más de forma torrencial. Esto supone un riesgo para la superficie de suelo apta para cultivo, debido a las consecuencias que estos fenómenos conllevan en el incremento de la erosión y en la pérdida de calidad del suelo. Basta decir, como pureba del impacto del clima en la agricultura, que  la variabilidad climática afecta entre un 32% y un 39% a la variabilidad en el rendimiento agrícola.

Dado que en la Agricultura de Conservación suprime el laboreo, se aplican ciertas herramientas que son necesarias para poder sembrar en condiciones apropiadas con la presencia de restos vegetales. Así, maquinaria como las sembradoras de siembra directa y sus accesorios, o productos fitosanitarios como el glifosato para controlar las malas hierbas y preparar el lecho de siembra, son esenciales.

A diferencia del modelo de agricultura convencional, que ha contribuido, entre otros aspectos, a que actualmente el 16% de la superficie europea se encuentre afectada por la erosión hídrica, según señala el informe presentado por la AEAC.SV, la Agricultura de Conservación contribuye al secuestro de carbono en el suelo al tiempo que favorece la biodiversidad en los ecosistemas agrarios. Además, el mantenimiento de la cubierta vegetal sobre el suelo, característica propia de la Agricultura de Conservación, permite frenar la erosión del mismo, pudiendo llegar a verse reducidas las pérdidas del suelo hasta un 90%, dependiendo de la superficie cubierta.

En palabras de Jesús Gil Ribes presidente de la AEAC.SV., “estos sistemas basados en la reducción de laboreo han llevado a un mayor secuestro del carbono en el suelo, necesario porque mejora su estructura, la fertilidad y la capacidad de almacenamiento del agua en el suelo, evitando la degradación del mismo, además de suponer un mecanismo para mitigar el cambio climático”. En España, en términos de CO2, la cantidad fijada por la superficie manejada mediante técnicas de agricultura de conservación es de más de 9 millones de toneladas de CO2 al año, con un potencial de fijación cercano a los 53 millones de toneladas de CO2.

En comparación con el laboreo convencional, la Agricultura de Conservación lleva asociada una mayor eficiencia energética si se tiene en cuenta que este sistema agrícola puede llegar a alcanzar de media, un ahorro energético del 20%, llegando hasta el 50%, según la región y el cultivo considerado, y con el consecuente impacto positivo sobre la huella de carbono de la actividad agrícola.

En cuanto a sus beneficios económicos, el estudio señala que la Agricultura de Conservación aumenta la competitvidad de las explotaciones al reducir los costes y mejorar la rentabilidad de los cultivos.

La adopción de prácticas agrícolas como la Agricultura de Conservación, alternativa al laboreo intensivo del suelo, ha contribuido a un mayor control de la erosión del suelo, a un aumento de la materia orgánica y a una disminución de las emisiones de CO2, lo que, como se evidencia en el estudio, supone un paso más para poder alcanzar los compromisos de acuerdos internacionales, como el COP21 de París 2015 y la Estrategia 4 por 1000 que la reconocen como clave para frenar el cambio climático. 

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