Agronews Castilla y León

En nuestra Constitución actual, en el capítulo II de Derechos y Libertades, en su artículo 14 encontramos lo que sobre el papel nos garantiza la igualdad: Los españoles son igualesRosa Arranz, Unión de Uniones ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

Pero ¿de verdad esto es así? En el mundo que nos rodea, en la escuela, en nuestros puestos de trabajo, en el acceso a los servicios, a la cultura, a la sanidad… ¿está garantizada esa igualdad que propugna la Ley?, ¿Tienen las mismas oportunidades todas las personas, independientemente de dónde vivan, qué hayan estudiado, el patrimonio que tenga su familia, si se es joven o viejo, hombre o mujer? Claramente no.

Desde que en 1931 discutíamos sobre el derecho de las mujeres a poder votar, hasta hoy, año 2015 hemos avanzado mucho, pero sin embargo solo sobre el papel las mujeres somos y estamos en la sociedad española con los mismos derechos, garantías y oportunidades que el otro 50% de la población. ¿Las tareas de la casa, el cuidado de hijos o mayores se comparten igual por hombres que por mujeres? ¿Ha habido movimiento a partes iguales entre el ámbito público y privado entre hombres y mujeres para ocupar esos espacios en igualdad? ¿Las mujeres siguen teniendo que demostrar el doble para alcanzar la mitad que la “contraparte” masculina?

¿Y si además el entorno para ellas es “hostil”? ¿Y si además una parte de esas mujeres vive en entornos urbanos pero otra buena parte en zonas rurales, en los pueblos?

Partiendo de estos desequilibrios, constatamos que han sido y siguen siendo  la causa de varios de los  graves problemas que aquejan a nuestro medio rural español, pero con especial laceración en el de Castilla y León. ¿Qué tenemos después de todos estos años de trabajo en los GAL, de los PDR, de la Agenda de la Población, de medidas y medidas llenas de  ambiciosas intenciones pero casi vacías de presupuesto real?  

Despoblación, envejecimiento, dispersión geográfica, desarraigo, desagrarización, masculinización … No estoy descubriendo nada nuevo. No estoy siendo fatalista. Nos lo llevan advirtiendo desde hace años y desde distintos ámbitos los estudiosos de la materia, pero sobre todo los observadores de primera fila, quienes vivimos día a día en nuestros pueblos que agonizan (Delibes ya lo veía claro). Nuestros políticos aún no se han dado cuenta de que no por escribir leyes la realidad cambia a lo que éstas plasman en sus objetivos y medidas.

Estos cambios estructurales que vienen sucediendo desde finales del Siglo XX han condicionado la permanencia de las mujeres en el medio rural de nuestra Comunidad. Esta emigración femenina a los núcleos urbanos queda claramente reflejada en el índice de masculinización del medio rural -un 104,13%, seis puntos por encima del índice nacional situado en 98,01%.

El papel que tienen las mujeres españolas  rurales (48,9%) en el desarrollo de sus zonas es de vital importancia para este medio, tanto para la fijación de población, como para su desarrollo económico, social, político, laboral, cultural… ya que la figura de la mujer lleva ya mucho tiempo incorporada al ámbito laboral, tanto urbano como rural, aunque tal vez con posibilidades y oportunidades diferentes.  Por ello, y para que este papel se juegue en las condiciones oportunas y justas, es necesario que las mujeres que viven en el medio rural cuenten con un desarrollo personal óptimo, capaces de asumir el liderazgo que les corresponde, y que sean capaces de identificar y gestionar sus emociones, generar nuevos comportamientos y actitudes que les permitan conseguir sus objetivos personales, utilizar las habilidades sociales para negociar con otras personas o entidades, o resolver conflictos en diferentes ámbitos de su vida, poder emprender o diversificar su actividad con garantías de equidad y compromiso de las distintas administraciones para poder acceder a las ayudas y mecanismos que avalen su trayectoria.

Según el estudio “Medio Rural: Trabajando en femenino” (MAGRAMA, 2012), el 35% de las mujeres rurales trabaja como asalariadas. De ellas, el 31,6% lo hace sólo a tiempo parcial, siendo la asunción de responsabilidades domésticas y familiares el motivo principal en el 23,3% de los casos. Mientras que el 44,8% trabaja a tiempo parcial, porque no encuentra trabajo a tiempo completo. El 56,8% de las mujeres rurales afirma ser la responsable exclusiva del trabajo doméstico y familiar en su entorno y el 98% reconoce que los hombres no trabajan tanto en casa como lo hacen las mujeres.

Por otra parte, las desigualdades existentes entre mujeres y hombres en las zonas rurales y, en concreto, la diferenciación entre el rol reproductivo asignado tradicionalmente a las mujeres y el rol productivo asignado a los hombres han moldeado una sociedad basada en la separación de espacios y tiempos.

Las mujeres rurales jóvenes que se han formado (en mayor número que los jóvenes chicos ya que tiene más formación y mejor cualificación) y adoptan la decisión de “quedarse y vivir” en el pueblo o comarca, se enfrenta con frecuencia a esta carrera de obstáculos que asumen desde la lucha por el cambio de todo aquello que les pueda frenar sus expectativas: diferentes roles, presencias y tiempos mal repartidos entre ellos y ellas, el trabajo doméstico y familiar, el ocio o la participación social y política, escasa presencia en los consejos rectores de las cooperativas y órganos de dirección de las pequeñas empresas familiares y las distintas entidades y administraciones rurales (hay un constatable incremento de mujeres en las concejalías de ayuntamientos que queda un poco más aletargado en la asunción de alcaldías), insuficiente red de infraestructuras (carreteras deficientes, mala comunicación adsl en muchas zonas o muy caro) y servicios básicos escasos o lejanos, difícil acceso a tiempos de ocio y cultura ….

Los servicios de cuidados de colectivos dependientes (o servicios de proximidad) constituyen uno de los pilares sobre los que se asienta actualmente gran parte de la solución al conflicto de la conciliación. Pero la conciliación de la vida laboral, personal y familiar no es posible sin la corresponsabilidad, que implica un cambio de mentalidad a nivel general que en las zonas rurales choca con la prevalencia de unos principios tradicionales de división sexual del trabajo que acrecientan las desigualdades entre hombres y mujeres.

Las brechas de género en el acceso, uso y control de los recursos por parte de los actores e interlocutores del ámbito rural, como así también en la participación en los espacios de decisión, la mujer permanece en situación desfavorecida. Las mayores dificultades de acceso de las mujeres rurales al mercado laboral tienen importantes efectos derivados, todos ellos correlacionados.

El desempleo femenino es especialmente grave porque afecta al sector de población rural más activo: campesinas, productoras, empresarias y madres de familia son las artífices del desarrollo de su territorio, pero apenas son propietarias del 2% de las explotaciones agrarias y sólo se benefician de un 5% de los servicios rurales.

Las mujeres empresarias que comienzan y desarrollan una empresa en las áreas rurales hacen frente a muchos obstáculos entre ellos la baja densidad de población y la lejanía, el mal acceso a los mercados, capital, mano de obra e infraestructura limitados, además de algunas actitudes negativas hacia el emprendimiento y el espíritu empresarial

El grado de exclusión que las mujeres paradas tienen que soportar es mayor que en el caso de los hombres: se da en un ambiente más tradicional y excluyente (el medio rural), donde las oportunidades son menores (composición económica más volcada al sector agro-ganadero y agro-alimentario).

Además, el principal sector económico, el agro-ganadero, viene perdiendo, año tras año, renta de los agricultores y ganaderos hasta reducir la rentabilidad de sus explotaciones a la nada.

Es necesario ofrecer alternativas a las mujeres rurales para que puedan romper el círculo vicioso de desiguladad-paro-exclusión-despoblación. Por este motivo, y desde la década de los noventa, la conciliación de la vida laboral, personal y familiar se ha convertido en uno de los ejes fundamentales de la legislación internacional y nacional en relación a la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres.

En la DECLARACION DE BEIJING DE 1995, los Estados miembros se comprometieron a introducir en sus políticas dos principios fundamentales para lograr la igualdad efectiva entre mujeres y hombres: la transversalidad de género o mainstreaming y el empoderamiento de las mujeres.

En este marco, la Unión Europea promueve políticas concretas que regulan el acceso al empleo, las condiciones de trabajo y la retribución laboral; y al tiempo legisla sobre el reconocimiento de los derechos para evitar las desigualdades y la discriminación por razón de sexo. Asimismo, se insta a los Estados miembros a incorporar en su legislación medidas encaminadas a mejorar la compatibilización de las condiciones de vida y el empleo en las personas trabajadoras.

La Ley 45/2007, de 13 de 13 de diciembre para el Desarrollo sostenible del medio rural responde en su artículo 8 al principio de igualdad de trato y oportunidades entre hombres y mujeres y señala que “podrán contemplarse medidas de acción positiva a favor de las mujeres del medio rural encaminadas a superar y evitar situaciones de discriminación de hecho por razones de sexo”.

En este marco, el PLAN ESTRATÉGICO PARA LA IGUALDAD DE GÉNERO EN EL DESARROLLO SOSTENIBLE DEL MEDIO RURAL (2011-2014) recoge entre sus principales objetivos: combatir la doble discriminación que sufren las mujeres que viven y trabajan en el medio rural, frenar el éxodo femenino de las zonas rurales a los centros urbanos, contribuyendo así a combatir el despoblamiento, la masculinización y el sobre-envejecimiento de la población rural; e impulsar la incorporación de las mujeres al mercado laboral, garantizando su participación en el desarrollo económico del medio rural.

La visión actual sobre la evolución de la mujer rural en relación a su mejor formación y mayor posibilidad de empleo es muy positiva, aunque en el caso de las mujeres más jóvenes esto vaya en detrimento de las labores tradicionales agrarias y rurales, y quiero recalcar el importante valor que aún no se reconoce a las mujeres en su voluntariado cultural  y social en nuestros pueblos, ya que éstas siguen asumiendo y manteniendo la mayor parte de la transmisión oral, la conservación del patrimonio cultural, así como el aumento de su presencia en los ayuntamientos (que ya mencionaba antes) y en los grupos de acción local, mancomunidades o Comunidades o Consejos históricos, como equipos técnicos eminentemente femeninos, aunque los puestos de mando y dirección están prácticamente todos ocupados por hombres.

El pasado viernes 9 de octubre, se presentaba en Consejo de Ministros el Plan para la Promoción de las Mujeres del Medio Rural (2015-2018). Se trata del primer plan específico que se elabora en relación con las mujeres del medio rural, que tiene carácter integral y agrupa actuaciones de seis Departamentos Ministeriales: (Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad; Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente; Educación, Cultura y Deporte; Industria, Energía y Turismo; Fomento e Interior).

Contará con un presupuesto de 23,1 millones de euros para el período 2015-2018, contempla 82 acciones concretas en cinco ámbitos: Economía y Empleo, Participación, Conciliación, Igualdad en las políticas de fomento y del medio rural y pesquero, e Impulso del conocimiento sobre las mujeres en este medio. Entre las medidas, destaca la puesta en marcha de una plataforma on-line "Emprende rural" para facilitar la información y la creación de redes además de que promoverá el empleo, el emprendimiento y la participación en los órganos de decisión.

¿Nos lo creemos? ¿Apostarán por ello de verdad nuestros políticos? ¿Este Plan haría posible que la situación actual del medio rural y de las mujeres que lo habitan, cambiara? Si el Plan no es papel mojado aquí estamos nosotras, mujeres rurales trabajadoras, sabias y comprometidas para poner freno a una historia que a nadie nos gusta, pero no podemos hacerlo solas.

Rosa Arranz García

Presidenta de ISMUR Segovia y de Ismur Castilla y León

Secretaria de la Junta directiva del GAL Honorse Tierra de Pinares

Responsable del Área de Mujeres de UCCL

Vicepresidenta de Mujeres Agricultoras y Ganaderas de La Unión

Vicepresidenta de la Ong CAS (Colectivos de Acción Solidaria)

 

 

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