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El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, ha declarado: «Los presupuestos no son meros ejercicios contables; guardan relación con prioridades y ambiciones. Plasman en cifras el futuro al que aspiramos. Por ello debemos debatir en primer lugar sobre la Europa que queremosA continuación, los Estados miembros deberán poner recursos financieros en consonancia con sus ambiciones, y si bien es preciso que todos comprendamos que mantener la actual situación no es una opción válida de cara al debate que vamos a emprender, estoy firmemente convencido de que seremos capaces de cuadrar el círculo, logrando un presupuesto que aporte claras ventajas para todos.

En su reunión del 23 de febrero, los dirigentes de la Unión Europea debatirán sobre cómo garantizar que las prioridades que han fijado para la Unión —el 16 de septiembre de 2016 en Bratislava y el 25 de marzo de 2017 en la Declaración de Roma— puedan ser financiadas adecuadamente y, por consiguiente, se conviertan en realidad. Ambos aspectos, es decir, definir las prioridades comunes y dotar a la Unión de los medios para alcanzarlas, son indisociables.

La Comisión contribuye a este importante debate de tres maneras: en primer lugar, facilitando los elementos fácticos necesarios en relación con el presupuesto de la UE, sus ventajas, sus logros y su valor añadido; en segundo lugar, mediante la elaboración de escenarios que ilustren el impacto financiero de las distintas decisiones estratégicas posibles; y, en tercer lugar, mostrando las consecuencias que tendría una adopción tardía del nuevo presupuesto de la UE sobre los estudiantes, los investigadores, los proyectos de infraestructura, etc.

Opciones para el futuro presupuesto de la UE

Al debatir acerca del nivel de ambición en ámbitos tales como la protección de las fronteras exteriores de la UE, el apoyo a una auténtica Unión Europea de Defensa, el estímulo de la transformación digital en Europa o la mejora de la eficiencia de la política de cohesión y la política agrícola de la UE, es importante que los dirigentes determinen el alcance concreto de sus decisiones en términos de financiación a nivel de la UE. Con su contribución de hoy, la Comisión se propone precisamente este objetivo mediante la cuantificación del impacto financiero de diversas decisiones estratégicas posibles. No se trata de las propias propuestas de la Comisión, sino de ilustraciones basadas en ideas surgidas a menudo en el curso de debates públicos. Su propósito es centrar la reflexión, estimular la discusión y proporcionar una base fáctica sólida para las importantes decisiones que habrá que adoptar en el futuro.

Por ejemplo, si los dirigentes se avinieran a cumplir la promesa tantas veces realizada de mejorar la protección de las fronteras exteriores de la UE, ello supondría un coste de entre 20 000 y 25 000 millones EUR a lo largo de siete años, y de hasta 150 000 millones si se implantara un sistema íntegro de gestión de las fronteras de la UE. Efectivamente, para que llegue a materializarse, cada una de las prioridades políticas, como la Unión Europea de Defensa, el fomento de la movilidad de los jóvenes, el estímulo de la transformación digital en Europa, el impulso de la investigación y la innovación o el fomento de una auténtica Unión Económica y Monetaria, habrá de recibir una financiación adecuada.

La PAC

Con respecto a la PAC, Bruselas plantea en su informe tres escenarios que van desde mantener el presupuesto actual para siete años, de 400.000 millones de euros, a recortes del 15%, en este escenario, la reducción de los ingresos agrícolas promedio sería más limitado, pero aún podría tener un impacto notable en ciertos sectores dependiendo de las elecciones realizadas y del 30%. El último, advierte la Comisión Europea, podría provocar una reducción media de los ingresos de los agricultores y ganaderos del 10% en algunos países, aunque algunos sectores específicos se podrían ver afectados de forma más fuerte de ese porcentaje

Modernización y financiación del presupuesto de la UE

La Comisión presenta también opciones para modernizar el presupuesto de la UE, por ejemplo, mediante un refuerzo del vínculo entre los objetivos de dicho presupuesto y sus modalidades de financiación. Por otra parte, ofrece posibilidades para reforzar el vínculo, a menudo denominado de «condicionalidad», entre la financiación de la UE y el respeto de sus valores fundamentales.

 

 

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