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Publicado por Jesús Molpecere...

Las fiestas han sido tradicionalmente el calendario cíclico del mundo rural. Los momentos óptimos de las labores, fruto sin duda de una experiencia muy dilatada, se encuadran bajo el auspicio o la protección de una festividad religiosa. Había que sembrar para los santos, abonar en la cruz de mayo, segar a partir de San Antonio, poner los ajos en San Pedro o levantar las rastrojeras para San Miguel. Todas las festividades religiosas fijaban, con más o menos exactitud,  el calendario agronómico español.

Cada actividad profesional tenía su patrón representado por un Santo (o Santa) o una advocación mariana, que velaban por sus intereses terrenales y divinos y a los cuales se encomendaban sin pudor, año tras año, en perfecta unión corporativa. San José (carpinteros), San Cristóbal (conductores), Santa Brígida (lecheros), la Virgen del Carmen (marineros), Santo Tomás de Aquino (maestros y estudiantes)… y un larguísimo etc de festividades religiosas aglutinaban las peticiones, deseos e intenciones de quienes se sentían representados y auspiciados por su intercesión. Y San Isidro labrador, por supuesto.

Ahora los “santos” son relegados a la nostalgia de no pocos, pero poco ruidosos, mientras que no muchos, pero muy ruidosos, nos imponen los “días de…” como organigrama del calendario anual.

El día de la marmota, el de la paz mundial, el de el libro, el de la flor, el de la salud bucal o el de los calcetines a rayas, pretenden silenciar, cuando no aniquilar, a generaciones de creyentes, con más o menor fervor todo hay que decirlo, en aras de unas celebraciones puntuales, insulsas y absolutamente anodinas, desconectadas de cualquier vínculo afectivo tradicional o cultural y posiblemente con intenciones comerciales fuera de cualquier disimulo.

Bueno, pues yo soy de los tradicionales. Qué lo vamos a hacer. No sé si San Blas nos traerá heladas a nuestros campos o si las tormentas volverán a situarse entre San Juan y Santiago. No tengo ni idea de qué nos tiene preparado Santa Bibiana o si en San Pedro estarán maduros ya los ajos. Pero hay algo de lo que estoy absolutamente convencido y es de que el próximo año, exactamente el día 15 de mayo, volveré a sentir el amparo, el cariño y la protección que nuestro patrón,  el patrón de todos los agricultores siempre me ha evocado. ¡Viva San Isidro!.

Un saludo.

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