Campo de patata
Imagen de Jesús Molpeceres Picón
Publicado por Jesús Molpecere...

Tortilla… de patata, costillas de cerdo… con patatas, huevos fritos… con patatas, bacalao cocido… con patatas. Guisadas, fritas, cocidas, asadas… ¡si hasta para hacernos fotos las mentamos! Entonces, ¿qué pasa con la patata?

En el País de Europa que, sin ninguna duda, más consumo y más aceptación social tiene este cultivo, resulta ahora que nuestra sufrida patata no tiene sitio en los lineales comerciales.

Basta darse una vuelta por el campo castellanoleonés para ver, a estas alturas, multitud de fincas con patatas ya en fase de madurez abandonadas a su suerte. Con un precio de mercado, al agricultor, de 3 céntimos de euro el kilo se pierde menos dinero arándolas que sacándolas. ¿Estamos todos locos?

Año tras año vemos cómo se inunda nuestro mercado de patata extranjera a precios inverosímiles mientras que las nuestras simplemente se aran ante la pasividad de nuestros dirigentes agrarios.

Mientras tanto se otorgan premios y se proclaman agradecimientos infinitos a ciertas empresas del sector por sus logros “técnicos y comerciales” alrededor del denostado tubérculo. ¡Qué risa!

Da igual si sigue existiendo hambre en el mundo, Dios proveerá. Da igual si los agricultores pierden hasta el cinto en la empresa, ya se les darán suculentos y rentables préstamos. Da igual si se han gastado recursos hídricos absolutamente necesarios y deficitarios, ya lloverá.  Da igual si comemos productos de mucha peor calidad, nuestro sistema sanitario nos compensará. Da igual todo, ¿o no?

¿Alguien ha visto reflejada esta tragedia en alguno de los medios de comunicación nacional? ¿Alguien, ajeno a nuestro sector, sabe que se están enterrando miles de toneladas de patata bajo tierra porque el precio que se ofrece por ella es menor que el gasto de recolectarla?

Toca resignación. Una vez más. En nuestra sociedad solo hay sitio para banderas, ideologías, disputas, juicios y tontadas. Mientras tanto, el agricultor que ha tenido la mala elección de sembrar patata esta campaña ya sabe lo que tiene que hacer: perder y callar. Su pérdida no es importante en este momento de la historia. Este País no deja de sorprenderme.

Querida patata, no entiendo nada. No sé qué has hecho para terminar bajo tierra pese a tu escasa o nula aportación orgánica al entorno. Contigo se entierran ilusiones, días y días de trabajo y una gran cantidad de dinero que ya no volverá. Yo no sé cuál será la solución final a tu maleficio. Por mi parte solo puedo decirte que no es justo, que no te lo mereces, que tus cultivadores y no tus manipuladores e intermediarios, son los que tendrían que recibir los premios y homenajes.

Solo me queda decirte, por si te sirve de consuelo que en mi casa tienes unos fieles admiradores y que, como casi todos los días, hoy te invitamos, de nuevo, a cenar. Un saludo.

 

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