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Publicado por Jesús Molpecere...

A estas alturas de la película, ya ni me molesto en  maquillar mi falta de tacto para ser, o al menos intentarlo, políticamente correcto. Si hay algo que  tengo claro desde hace décadas es que yo nunca podría ser un aquiescente y servil mandatario con la única encomienda de conformar la cuota matemática imprescindible para sacar adelante cualquier  iniciativa que se me presente por quienes sí mueven los hilos de nuestro destino. Y más joven y moldeable que hoy, ya no voy a ser nunca.

Sale, esta vez, a la palestra la denuncia de una asociación frutícola española de la comercialización de patata francesa y vieja,  como española y nueva. La misma asociación achaca, como responsable, a la falta de rigor en los controles de nuestro País en esta materia.

Hasta aquí, nada nuevo. Ya estamos acostumbrados a ver cómo tratan a nuestros productos y paisanos cuando salen de nuestras fronteras y con qué celo profesional y político se les protege cuando vienen a vender aquí.

Comemos panga vietnamita, espárragos peruanos, aceite marroquí, patatas francesas, merluza africana, ajos chinos, vino chileno… y un largo listado de productos que llenan nuestra cesta de la compra bajo el dudoso paraguas de precios más baratos al margen de la calidad.

Los ratios de índices de precio en la cesta de la compra imponen su tiranía económica para regocijo autopromocional de quienes tienen, ¡qué gracioso!, precisamente la obligación y el encargo expreso, vía votaciones, de velar por nuestros intereses.

Está muy bien ahorrar dinerito. ¿O no lo ahorramos? Mientras nos comemos las patatas francesas, tiramos a la basura las nuestras por falta de precio. Mientras compramos espárragos sudamericanos, o aceite marroquí o ese largo etc. de productos importados (muchos fuera incluso de la Comunidad Europea), asistimos, impasibles, al desmantelamiento de nuestro sector primario que sobrevive a base de ayudas y subvenciones, muchas de ellas, qué ironía, por no producir o cerrar sus explotaciones.

Y yo me pregunto ¿quién orquesta este desatino tan monumental? ¿Quiénes negocian este despropósito que está aniquilando nuestro sector agrícola? No tengo dudas de que no deben ser los productores los que deciden clavarse literalmente el cuchillo hasta desangrar definitivamente su maltrecha situación.

Ya que, al parecer, los productos de fuera son “mejores y más baratos” yo propondría que también nuestros dirigentes políticos y lamento profundamente incluir en éstos también a los sindicales, se busquen y contraten también fuera de nuestras fronteras. Que serán mejores no me cabe ninguna duda (a poco que se esfuercen) y más baratos solo hay que echar un vistazo a la “lonja de tribunales” de esta semana, a ver cómo está la cotización.

Y en lo que al resto de la población se refiere, no penséis que no somos cómplices de esta situación. Tenemos que espabilar un poco y promocionar el consumo de verdaderos productos nacionales si queremos poder mantener este legado económico y social que nuestros antepasados nos han transmitido. Si no lo hacemos así, no habrá futuro para el sector y no podremos ni siquiera lamentarnos de ello.  Un saludo.

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