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Publicado por Jesús Molpecere...

Todos sabemos las consecuencias nefastas que la falta de agua provoca en nuestros campos. Si a eso le sumamos el déficit endémico de la mayoría de los acuíferos de nuestra Comunidad el panorama que se nos presenta adquiere tintes dramáticos.  Poco o nada podemos hacer al respecto salvo elegir bien los cultivos y racionalizar el poco agua de que disponemos.

Pero hay un panorama todavía más desalentador y que parece no está teniendo la repercusión que, a mi juicio, merece. Me refiero a la guerra intestina que se ha declarado, por parte de la Confederación Hidrográfica del Duero, en la zona de su influencia, y que implica a un gran número de agricultores que en su día no realizaron la inscripción de sus pozos en dicho organismo.

Intentemos analizar el problema con perspectiva. Hace 20, 30, 40 años o más, nuestros abuelos o padres sintieron la necesidad de transformar sus parcelas de secano en explotaciones de regadío en aras de un desarrollo técnico y productivo imprescindible para la supervivencia de sus explotaciones. El organismo competente en la materia y que concedía el permiso para la realización del sondeo y la extracción del agua era el Ministerio de Industria (Sección de Minas). A partir del año 1984, la competencia para la extracción del agua la gestiona, de manera independiente a Minas, la Confederación Hidrográfica de Duero. En algunas zonas se realiza, por parte de dichos organismos, una trasferencia de datos de Minas a la CHD, quedando esas perforaciones inscritas y en regla. En otras, no se sabe bien el motivo, no se hace esa trasferencia dejando a los propietarios sin dicha inscripción.

Al cabo de 20, 30, 40 años o más es decir, toda una vida de trabajo y sacrificio después, resulta que muchas de esas explotaciones no tienen la dichosa inscripción y, por lo tanto, el permiso de la CHD para sacar el agua y seguir regando sus parcelas. Ese permiso ahora se torna juez y verdugo de su estatus actual y futuro amenazando la continuidad de la superficie de riego y la supervivencia de sus explotaciones.

La sinrazón viene cuando la propia CHD, que hace años ya resolvió esta cuestión de oficio y gratis en otras zonas de la Comunidad, ahora niega a los agricultores dicha inscripción salvo Resolución Judicial por medio. Esto obliga a todos los agricultores que carezcan de ella, a iniciar costosos procesos judiciales para poder seguir haciendo lo mismo que han hecho todo este tiempo: trabajar y producir. Por si fuese poco, el resultado de dichos procesos judiciales, siempre merma su capacidad productiva con recortes en las superficies de riego y en las concesiones.

Y yo me pregunto ¿No se podía haber solucionado esto sin necesidad de tanto coste económico y social? ¿Era absolutamente necesario pasar por el Juzgado, colapsando todo el sistema, para este trámite? ¿Por qué a unos se les hizo de oficio y otros tienen que padecer el gasto, el proceso judicial y, a la postre, el recorte?

Demasiadas preguntas y muy pocas, o ninguna, respuesta. Un agricultor que hace décadas transformó su explotación de secano en regadío, que se empeñó hasta las trancas para poder pagarlo (si es que ha terminado de hacerlo), que ha venido trabajando sin descanso con unos costes productivos muchas veces desorbitados, que ha generado empleo y producto interior bruto a su País, que ha pagado religiosamente sus correspondientes contribuciones de regadío e incluso, qué curioso, que ha cobrado subvenciones europeas como reconocimiento expreso de su actividad,… ahora resulta que su regadío es ilegal, que no puede regar, que le están masacrando a multas por hacerlo y que tiene que comerse su finca, su infraestructura y su vida porque hace 30 años no hizo un puñetero trámite administrativo. Y como única salida, se le obligan a ir al Juzgado para ver si le dejan unas migajas de lo que con tanto esfuerzo ha conseguido.

Eso sí, con la “quita” realizada a nuestras explotaciones históricas, se autorizan nuevos sondeos a unas pocas empresas agroalimentarias de alto copete. Nadie sabe cómo ni por qué sus expedientes sales como churros. Por lo visto solo hay agua para unos pocos. ¿Es este el desarrollo rural del que  tanto presumen algunos?

Nadie duda que, cuando hay pocos recursos naturales, como el agua (y no solo el agua), lo que hay que hacer es limitar y racionalizar su uso, de forma temporal, en espera de mejores índices de utilización. Hasta aquí llegamos. La agricultura demuestra, año tras año, que apuesta por la tecnificación y por las prácticas encaminadas al mantenimiento del estatus medioambiental. Pero reducir drásticamente o cerrar, definitivamente, explotaciones agrícolas que llevan décadas siendo el soporte económico de muchas comarcas considero que es una sinrazón, un abuso y un abandono por parte de la Administración. La FAO estima que un tercio del consumo de agua mundial se destina a la agricultura y a la ganadería. Pero, hasta donde yo sé, el 100% de la alimentación sale de ella. Tendremos que producir “comida” con impresoras 3D y así ahorraremos algo de agua. Eso sí, sin cerrar campos de golf, hoteles de lujo o piscinas privadas, que para eso siempre quedará una reserva especial.

Una vez más nuestras instituciones no han estado a la altura. Una vez más nos han despachado con un buen jarro de agua fría. Otro más.

Un saludo.

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