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Publicado por Jesús Molpecere...

El “Año Calendario” proviene de la interpretación del Calendario Gregoriano promovido por el Papa Gregorio XIII allá por el año 1582. Se pretendía organizar el tiempo de una forma regulada e inamovible. Pero esta organización, curiosamente, no coincidiría con el año agrícola, como podría parecer más lógico, ni con el meteorológico puesto que comienza a mitad de una estación, ni  siquiera con el académico.

Desconozco las motivaciones del Papa para adoptar este sistema que, por otra parte ya provenía del  extinto Año Juliano. Y hasta aquí la lección de historia, que si no me voy por las ramas y pierdo el hilo del mensaje.

Sea de la forma que sea, el año se ha terminado y con él uno de los períodos más secos y de menor pluviometría, no de este siglo, lo cual sería decir poco, sino también del pasado.

Cauces vacíos, pantanos que dejan al aire sus tesoros (y vergüenzas) y cuencas agotadas y desertizadas como ni siquiera la mejor de las hemerotecas es capaz de reseñar han sido el paisaje habitual en los meses pasados.

Como de todas las catástrofes y desgracias siempre surgen nuevas oportunidades de impulso, vamos a ver si en ésta, se ha logrado obtener alguna actuación positiva o que, al menos, otorgue un mínimo de esperanza para el futuro, sea bajo el calendario que sea.

¿Se ha aprovechado el bajo nivel de los pantanos para dragarles, limpiarles, ampliarles o mejorar su capacidad de almacenamiento?

¿Se ha aprovechado la disminución, cuando no desaparición, de corrientes de agua en cauces de ríos, arroyos, desagües, acequias o cualquier otro medio de canalización para limpiar, ampliar o mejorar su situación de cara a una mejor gestión de la misma o a evitar futuros desbordamientos?

¿Se han puesto en marcha o impulsado acciones tecnológicas formativas y/o informativas relacionadas con el ahorro del agua de riego o consumo industrial?

Mucho me temo que la respuesta a todas estas cuestiones tiene el mismo y desolador monosílabo. Entonces, ¿qué se ha hecho durante el año ya finito en esta materia? ¿A qué se han dedicado los esfuerzos de, entre otros, la Confederación Hidrográfica del Duero durante este trágico período? Que cada uno responda con su propia opinión.

Para lo que sí ha habido tiempo y recursos (los de todos) ha sido para denunciar a muchos agricultores por regar sus maltrechas cosechas. Para lo que sí ha habido tiempo y recursos (los de todos) ha sido para seguir pleiteando en los Juzgados con los titulares de explotaciones históricas de regadío porque no inscribieron las mismas hace más de 40 años en sus archivos. Para lo que sí ha habido tiempo y recursos (los de todos) ha sido para hacer leña del árbol caído aprovechando la precaria situación, incluso económica, de los sufridos agricultores castellanoleoneses. Para todo esto sí. Para limpiar cauces o mejorar nuestra cuenca hidrológica no. Se pueden apuntar en su haber todos los organismos competentes en la materia a ésta como una de las mejores y mayores oportunidades perdidas de la historia de nuestra Comunidad.

Habrá que esperar otro Año Calendario, Juliano, Gregoriano o Chino para ver si espabilamos un poco y empezamos a mover el culo (con perdón) ante tanta inoperancia y desidia. El año que viene entraremos en campaña electoral y vendrán a prometernos sin límite y a querernos y a besarnos (al que se deje). Ojalá las fanfarrias, las guirnaldas y los agasajos no nos hagan olvidar los agravios y así mantener la llama encendida de un sector que, como no le cuidemos nosotros, no sé quién lo va a hacer. Un saludo.

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