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Publicado por Jesús Molpecere...

De las muchas tonterías que, año tras año, vuelven como un bucle inevitable en esta época estival hay una que por lo banal y lo comercial merece un segundo de análisis (y solo un segundo) como parte de los culebrones veraniegos que suplen el espacio de noticias en un momento en que o no hay, o a nadie le interesan.

Me refiero a las “merecidas vacaciones”. A diario se escucha esta idiotez en medios de comunicación con tanta insistencia que muchos lo han interiorizado hasta creerse de verdad esta afirmación.

Y no digo que no haya quienes  se las merezcan ahora y posiblemente en muchos momentos del año. Ni mucho menos. Lo que realmente me alucina es que, en la mayoría de los casos, va dirigida a quienes tienen la suerte (o no) de tener un trabajo estable, posiblemente fijo, quizás de oficina o similar y que son la presa fácil para la promesa, bajo el auspicio del pago a plazos, de un veraneo idílico lejos del mundanal ruido.

Mucho más cerca de nosotros, en el campo castellano y leonés, nuestros agricultores pasan de manera discreta y sin tantas estridencias, precisamente por todo lo contrario. Riegos de día y de noche, siegas en las horas de más calor, empacado a cualquier hora, recogidas, transportes… este es el momento del año en que se concentran casi todas las acciones de las que dependerá, irremediablemente, la subsistencia un año más en el sector.

Será que los agricultores no merecen esas vacaciones tan ansiadas por otros. Será que al final del ciclo agronómico y posiblemente antes de cobrar sus resultados la cuenta bancaria no admite bromas ni siquiera en cómodos plazos. Será que hemos dado por hecho que el agricultor siempre está al pie del cañón y por eso no nos extraña nada.

En cualquier caso espero que este año de relativa generosidad productiva sea el preludio de alguna que otra alegría para esos esforzados currantes que pasan el verano casi en vela y no precisamente por estar en las discotecas de moda de la costa tomando caipiriñas.

Los que somos de la generación de la merienda en el río y el porrón sabemos que las verdaderas vacaciones se fundamentan en la tranquilidad de haber hecho todo lo posible por sacar adelante nuestras cosechas incluso a sabiendas de que nuestro esfuerzo sirva, precisamente, para que otros tengan sus merecidas vacaciones. Un saludo.

 

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