Imagen de Jesús Molpeceres Picón
Publicado por Jesús Molpecere...

El avance de las nuevas tecnologías y la prisa por su aplicación, siempre presenta cara y cruz en el resultado final. Lo inmediato, lo fácil y sobre todo lo gratuito, prevalecen sobre la calidad en aras de una comodidad a veces ficticia.

Los Técnicos llevamos décadas sufriendo, en nuestro trabajo, un excesivo número de planos oficiales contradictorios que hacen casi imposible llegar a un acuerdo a la hora de fijar, de manera definitiva, una lindera rústica.

Hasta el momento, Concentración Parcelaria tenía le hegemonía de la veracidad a la hora de delimitar correctamente una propiedad rústica dado que sus planos provienen de la fidedigna interpretación de una escritura pública registrada, otorgada a su propietario. El antiguo IRYDA, hoy diluido en Estructuras Agrarias, creaba nuevas propiedades, las legalizaba, planimetraba e incluso delimitaba sobre el terreno en un trabajo documental y de campo pocas veces superado por su eficacia y resultado.

Todos teníamos asumido,  incluyendo a los estamentos judiciales, que el Plano de Concentración Parcelaria prevalecía sobre cualquier otra cartografía por oficial que fuese o pareciese. Del Catastro se decía que era una base contributiva y que sus datos y, sobre todo sus planos, “ni otorgaban ni delimitaban propiedad”, una verdad irrefutable.

Pero el avance tecnológico nos ha vuelto a jugar una mala pasada. La inmensa mayoría de los planos de Concentración, al menos hasta hace muy poco tiempo, no eran asequibles en la red y no se encuentran en coordenadas UTM.

A los estamentos fedatarios de nuestro País, Notarios y Registradores, les mola mucho obtener a golpe de ratón, los datos que el Catastro tiene de nuestras propiedades, sin importarles si reflejan o no la realidad física o documental de las mismas. Con el pretexto de que los planos de Catastro están en coordenadas georreferenciadas (lo cual no entiendo que les confiera ningún valor técnico añadido), el Catastro se ha convertido de la noche a la mañana en la única cartografía válida y oficial a la hora de realizar cualquier escritura pública. Los Registradores no inscriben ninguna propiedad que no se someta, con resultado positivo, a un Informe de Validación de Catastro.

Solo hay que comparar los planos catastrales con las fotos aéreas y con la realidad del terreno para constatar que la inmensa mayoría de los planos de Catastro no reflejan la realidad física ni legal de nuestras fincas. Además los datos varían constantemente con cada nueva actualización.

Entonces yo me pregunto, ¿por qué este desatino?. ¿Qué sentido tiene darle al Catastro una preponderancia que ni ha tenido nunca ni se justifica técnicamente? Y, sobre todo ¿Qué pasará con las nuevas escrituras que se están formalizando en coordenadas cuando éstas cambien (que lo harán)?

La única salida que se nos ofrece es promover una subsanación de errores en el Catastro. Solo hay que contratar a un Técnico (pagándolo de tu bolsillo, por supuesto), presentar una medición topográfica en coordenadas (las suyas), dar audiencia a todos los colindantes, esperar varios meses a que contesten y, en la inmensa mayoría de los casos, recibir una resolución denegatoria porque alguien, con o sin justificación técnica alguna, no está de acuerdo con la propuesta.

Al final, es más fácil, más rápido y sobre todo menos costoso, someterse a lo que diga el plano de Catastro que intentar cambiarlo aunque para ello tengamos que perder superficie. A esto es lo que se ha llamado tradicionalmente en nuestro mundo rural, “hacer un pan con unas tortas”.

Yo no he visto ninguna queja en este sentido, ¿es que nadie ha detectado esta barbaridad?  Yo aconsejaría a los propietarios de fincas rústicas que vayan comprobando si sus datos catastrales coinciden con sus escrituras y luego que saquen sus propias conclusiones. Mejor prever los problemas con antelación y evitar, entre otros perjuicios,  que un vecino espabilado se quede con parte de nuestra propiedad.

Alguien debería hacer algo al respecto. Un saludo.

Añadir nuevo comentario