Imagen de Jesús Molpeceres Picón
Publicado por Jesús Molpecere...

Ya sé que alguno me acusará de oportunista pero yo considero que mi reflexión de hoy  es más bien oportuna. Hace calor. No es que lo diga yo, es que lo hace. En la España desmemoriada donde por muchos años que se tengan, nadie recuerda haber vivido antes la mayoría de las cosas que nos pasan, incluidas estas altas temperaturas, al menos en que hace un calor exagerado estamos todos de acuerdo.

Otra vez más y pido perdón por mi reiteración, no tengo más remedio que echar la vista atrás y volver a padecer uno de mis frecuentes capítulos de nostalgia por el inexplicable desmantelamiento de aquellas ventajas, que eran muchas, que nos brindaba nuestro sistema de vida rural.

“El sitio donde el gato el verano pasa, es el más fresco de la casa”. Llevo oyendo este refrán tantos años que, hasta ahora, no había sido capaz de saborear en toda su extensión su significado. Yo no tengo gato pero soy capaz de imaginar a ese inteligente animal buscando refugio, como siempre ha hecho, para sortear a sus enemigos, calor incluido.

Quien no haya dormido en una casa de adobe o piedra en nuestra España rural, no sabe de qué estoy hablando. Muy duro tenía que ser el verano para no necesitar echarse para dormir algo más que una sábana en esos colchones de lana magistralmente acondicionados a golpe de fresno y oficio. Luego, con la excusa del progreso, alguien decidió que los colchones de muelles eran mejores y más cómodos. Más tarde pensaron que también eran más confortables las casas de ladrillo y mampostería. Con el tiempo decidieron que resultaba más moderno y, sobre todo, más rentable levantar pisos en el terreno otrora ocupado por las humildes casas.

Y ¿ahora qué? ¿Alguien sabe dónde pasan las noches estivales los astutos felinos domésticos? Supongo que fuera de sus propias moradas.  Habrán añadido a sus habilidades la de sortear hasta la propia estupidez de sus amos. Perdón por lo de amos, seguramente debería decir cuidadores para no ofender.

Hemos convertido nuestros municipios rurales en cómicas y ridículas mini ciudades donde hasta el sueño tiene que pedir permiso al progreso para intentar reparar el desgaste diario.

Atrás quedaron aquellas casas capaces de mantener frescos incluso los alimentos durante el duro período del estío. Las hueveras situadas bajos las camas con sus aislantes colchones de lana mantenían el preciado tesoro en condiciones óptimas por mucho calor que se empeñase en azotar, aunque ahora ya nadie se acuerde de ello.

Qué envidia de casas, ¡hasta los huevos se mantenían frescos! (Lo siento de nuevo, no me he podido resistir…). Ojalá este drama de despoblación, también de viviendas, se pudiese atenuar con alguna que otra broma.

Solo quiero llamar la atención sobre el tesoro que teníamos y que todavía queda, aunque en menor medida y no sabemos por cuánto tiempo, en algunos municipios de nuestra querida Comunidad.

Cuando hayan desaparecido aquellas casas que con tanto esfuerzo levantaron nuestros antecesores, las intentaremos construir de nuevo pero ya no serán iguales. Esa época en que muchos creyeron que llenado los municipios de construcciones adosadas (no sé muy bien cómo llamarles, algunos parecen auténticos nichos) la calidad de vida de sus moradores se asemejaría a la de sus ancestros, es una buena muestra de ello.

Nuestros fieles mininos ya no sabrán dónde enroscarse tranquilos y soñar quizás con esos ovillos de lana virgen que, por cierto, tampoco sé dónde habrán ido a parar aunque esa sea otra historia. Estoy seguro de que, si pudiesen hablar, ellos sí que recordarían un tiempo pasado que, sin duda, fue mejor. Yo, desde luego, me apunto a dormir con el gato. Un saludo.

Añadir nuevo comentario