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Publicado por Jesús Molpecere...

Y ríete de los libros de agricultura. Así se decía hace años para simplificar el buen hacer de los agricultores de la época.

Sin duda la incorporación de basura orgánica ha sido, hasta la aparición de los compuestos minerales, la mejor y casi única opción que se tenía en el campo para poder garantizarse, o al menos pretenderlo, una cosecha suficiente y digna.

En un mundo rural donde todavía la ganadería y la agricultura eran complementarias y compatibles,  la incorporación de estiércol se convertía en paso previo para el comienzo del año agronómico. Eran épocas de trabajo sin límite. Había que sacar la basura de los establos y majadas, cargarla en carros o remolques, transportarla al campo y esparcirla a golpe de garieta y pundonor. Y todo esto a mano, por supuesto.

Quien no ha  sacado a mano un establo de vacas o de ovejas, tras un año entero de sedimentación y compactación no puede hacerse idea de lo que estoy describiendo. Ese bofetón de polvo y amoniaco que te invade hasta el último poro de tu cuerpo cuando logras levantar una palada de basura tiene pocos símiles en las labores agrícolas de nuestro mundo rural.

En la década de los 60 y con mayores avances a partir de los años 70 aparecieron los primeros esparcidores de estiércol en nuestros municipios. Eso era ciencia ficción. Un rudimentario juego de cadenas y un aspa de grandes dimensiones lograban realizar, por si solos, el trabajo de varios hombres con un mínimo esfuerzo. Creo que con el hilerador-cargador de paquetes, pocas veces se ha alcanzado mejoras tan sustanciales en la calidad del trabajo agrícola y ganadero.

Y eso ha ido mejorando con el paso del tiempo hasta lograr, también en el caso de los purines líquidos, que estercolar los campos se haya convertido en una labor más en el proceso productivo.

Pero, como casi siempre, en nuestro denostado mundo rural, lo bueno tiene fecha de caducidad. En aras de una ecología de salón, diseñada muy lejos de los terrenos de cultivo, alguien ha decidido que es mejor volver a comprar garietas e iniciar un retroceso de más de 40 años para que el mundo sea más ecológico y limpio.

De repente, esparcir estiércol se ha convertido en el problema medioambiental más acuciante de nuestro siglo. ¿Creías que los aviones contaminaban en exceso?, ¿pensabas que los coches, camiones, fábricas, procesos industriales,… y un largo etc. eran la causa de la destrucción de la capa de ozono? Pues no, estábamos todos equivocados. Es la forma que tenemos de estercolar nuestros campos lo que realmente está causando la desertización del viejo mundo.

Algo huele mal en nuestros campos y estoy convencido que no es, precisamente, el abono líquido o sólido procedente de nuestras ganaderías.

Una vez más tenemos que plegarnos a las exigencias progre-ecologistas de quienes quisieran ver nuestro país convertido solo en un gran lugar vacacional.

En un mundo globalizado lleno de intrigas, conveniencias y corrupciones, ahora resulta que lo que les huele mal es nuestro estiércol. Si seguimos así pronto vamos a tener que comernos hasta nuestra propia m….. Un saludo.

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