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Publicado por Jesús Molpecere...

Siempre que vuelvo la vista atrás encuentro motivos más que sobrados para añorar aquellos tiempos en que las cosas eran, simplemente, más sencillas.

No creáis que solo sea la nostalgia de una juventud ya archivada, que también lo será. Antes las cosas parecían estar más organizadas. Se daban por hecho comportamientos y situaciones sin generar más conflictos que los propios de un carácter más recio y, sin duda, más humano.

Para resolver cuitas y despechos, se recurría a un elemento presente en todos los municipios que lejos de ser solo una pieza decorativa formaba parte de los servicios imprescindibles de la época: el pilón.

Que venía un forastero con aires desafiantes, ¡al pilón!. Que además pretendía a una de las mozas del entorno, primero se le exigía pagar “la costumbre” y si no lo hacía, ¡al pilón!. Que la orquesta de la fiesta desafinaba en exceso o no agradecía el fervor de su público con nuevos “bises”, ¡al pilón!. Y así un largo etc.

El pilón se convertía, por derecho, en verdugo improvisado encargado de finiquitar un entuerto o de escarmentar un determinado comportamiento siempre bajo el auspicio de la costumbre de la zona.

¡Cuánto se le echa de menos al pilón!. ¡Cuántas situaciones y personajes piden hoy en día a gritos un pilón en el que expiar sus desatinos!

Hace unos pocos años, se prohibía, en un municipio de Valladolid, la presencia de gallos en los corrales con el contundente argumento de que molestaban a los “nuevos” vecinos con sus maravillosos cánticos al alba.

Se abre la veda a la intolerancia de algunos, con la connivencia de otros, para asestar un nuevo golpe, ya casi de los últimos que podremos soportar, a un estilo de vida que parece molestar en exceso en ciertos sectores, que curiosamente se proclaman progres, de nuestra sociedad.

Los pueblos empiezan a ser molestos. No por sus sonidos, ni por sus olores, ni siquiera por sus costumbres ahora declaradas, en su mayoría, como bárbaras. Molesta un estilo de vida sencillo, sincero y humanizado.

Algunos darían lo que fuese por ver desaparecer a esas gentes tranquilas que solo piden terminar sus vidas en el entorno que les ha dado todo. Algunos prefieren cerrar los ayuntamientos, los consultorios médicos (ya lo están haciendo), las tiendas y todo lo que suponga un mínimo aliento de bienestar en nuestros municipios con la excusa de un coste elevado o de una infrautilización de recursos. Ya casi estamos acostumbrados a ello.

Pero ahora, cualquier “tontolaba”, venido de lejos, sin ninguna vinculación con nuestro municipio, puede conseguir de los siempre prestos estamentos políticos (y ahora judiciales), imponer su obstinación, su intolerancia y, por qué no decirlo, su estupidez.

Un pequeño y tranquilo municipio de Soria ya no podrá escuchar el tañido de sus campanas porque le molesta a un veraneante ocasional al cual además, hay que indemnizar por haberle sometido a tan horrenda tortura.

A nadie le importó que se tuviesen que matar los gallos que osaban dar la bienvenida al nuevo día o que se haga callar definitivamente un sonido que lleva 200 años marcando el tiempo y su ciclo vital. ¿Qué será lo siguiente? No tardaremos en verlo.

El mundo rural, nuestro mundo rural, está herido de muerte. Estos son solo algunos de los innumerables ejemplos del desmantelamiento progresivo de una forma de vida que algunos, simplemente, no soportan.

Para todos estos “memos” que vienen a nuestros municipios a destruir y a imponer su intransigencia y para todos aquellos que les dan cobertura, solo me queda un deseo que no por imposible deja de tener toda la fuerza que soy capaz de imaginar: ¡al pilón!.

Un saludo

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Comentarios

El pilon estaba kunto al caño que proporionaba agua a las familias y ganados .solia ser el abrevadero, tambien prestaba toda suertr de servicios ,entre ellos el escarmiento a cualquier metepatas.
Que acertado artículo. El Pilón un eficaz instrumento para impartir justicia. En una sociedad donde nos esforzamos en figuras como los actos de conciliación, los juicios rápidos y otras milongas., cuando tenemos los pilones infrautilizados. Ahora bien, con tanto tonto como hay actualmente, igual un pilón de las dimensiones del Cantábrico se nos quedaba pequeño.

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