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Publicado por Ángel Cuaresma

El campo de Castilla y León y, por qué no decirlo, la sociedad entera, se enfrenta estos meses a la que dicen es la peor sequía desde el año 1992. Quienes ya llevamos tiempo en esto, recordamos aquellos avatares, la situación por la que atravesaron agricultores y ganaderos y las medidas, entonces calificadas de excepcionales, que hubo que tomar.

Hoy, enfrentados otra vez a un problema no nuevo pero sí serio, las administraciones y las personas físicas se ven impelidas a adoptar medidas, muchas de ellas de esas que no gustan pero que, se quiera o no, hay que afrontar.

Y, entre las administraciones, quien ha tenido que salir al quite ha sido la Confederación Hidrográfica del Duero. Si se ponen a husmear en la hemeroteca, igual hasta encuentran algún artículo en el que hayamos criticado algunos momentos de esta institución pero, en este tiempo tan complicado para el mundo llamémoslo hidrológico, justo será reconocer que el organismo de cuenca está respondiendo conforme a las competencias que le son propias.

Así, la Confederación presidida por Juan Ignacio Diego que, no lo negaremos, ha vivido sus momentos complicados, derivados también de la indefinición política poselectroal, tomó ya la iniciativa el pasado invierno, previendo lo que podía suceder, y avisando a las comunidades de regantes. Ahora, cuando ya nadie duda de la gravedad de la situación, la comisión de desembalse  ha reajustado los criterios de reserva al tiempo que se garantiza el abastecimiento humano y lo que ampulosamente se denomina el caudal ecológico de nuestros ríos.

Estamos en una cuenca amplia, con diferentes sistemas, con ríos que no entienden de fronteras administrativas, que nacen en una región, viven en otra y desembocan donde consideran oportuno. Ríos que inspiraron a Jorge Manrique, a poetas, naturalistas, aventureros… Ríos que, como la naturaleza misma, son reacios a cumplir las leyes y  a los que, como a los hombres, les cuesta entender determinadas normas.

Hagamos, entre todos, un esfuerzo, que se sume al de la Confederación que, por cierto, vuelve a tomarse en serio esto de la comunicación y de entenderse con sus destinatarios, lo que, sin duda, nos hará más fácil entendernos entre todos: ingenieros, regantes, consumidores, particulares… En fin, que podamos disfrutar del verano y las vacaciones pero que llueva, al menos, cuando la estación lo aconseje, si es que podemos esperar.

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