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Publicado por Ángel Cuaresma

No hace falta ser un ciencia de la estadística ni pasarse las veinticuatro horas del día pendiente de Agronews para clavar, punto arriba, punto abajo, los resultados de las elecciones celebradas este último domingo en el sector agrario. Y no lo es por muchos motivos, tres de los cuales me atreveré a analizar en este humilde artículo.

En primer lugar, el resultado, con todas las matizaciones que se quieran, y siempre con el error de trasladar al campo conceptos de otros ámbitos, refleja la composición sociológica de la sociedad de Castilla y León que, desde hace décadas, y no es la única Comunidad, viene respaldando con su voto una determinada opción política. Sí, sí, ya sé que unos y otros me insistirán en que no es lo mismo, y lo admito, pero hay muchos baremos que, en unas y otras convocatorias, coinciden.

En segundo lugar, y constriñendo bastante más la muestra sociológica, es decir, pasando de la ciudadanía toda a la más específica de agricultores y ganaderos, los resultados del 11-F también vienen a reflejar la idiosincrasia de un sector que, digo yo, y enlazando con el artículo de la quincena anterior, será más partidario de opciones políticas, económicas y sociales que defiendan la libertad de empresa y mercado que quienes coquetean con programas quizá no muy partidarios de lo antedicho.

Sin embargo, hay una tercera cuestión que me gustaría reflejar, la provincial, los resultados de cada una de las nueve circunscripciones. Y este análisis, creo, nos lleva a una conclusión que se repite, también, desde varias convocatorias: la importancia de la solidez del líder y/o el proyecto.

Me explico: frente a la victoria global de Asaja en el conjunto de Castilla y León y en cuatro de sus provincias, en el resto ha ganado aquella organización que, históricamente, ha gozado de un representante carismático o se ha ‘currado’ una acusada presencia vía oficinas, prestación de servicio, etc…, circunstancias a las que habría que añadir aquella provincia, entiéndase Valladolid, donde la organización ganadora a escala regional no lo ha sido allí por las circunstancias de todos conocidas, es decir, que más que ganar UCCL habría que colegir que es Asaja quien le ha abonado, y un nunca mejor dicho, el terreno a sus competidores.

Cuestión aparte, y tiempo habrá de analizarla, es la relación me quiere-no me quiere, de Asaja con la Consejería de Agricultura. El tiempo dirá si ha obedecido, estos días, a una postura meramente electoral o son causas más profundas, más difíciles de encauzar en un futuro inmediato. Ya se verá porque es obvio que no se trata sólo de las discrepancias en torno al censo electoral.

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