Imagen de Ángel Cuaresma
Publicado por Ángel Cuaresma

Los agricultores y los ganaderos probablemente sean los ciudadanos de la Unión Europea más conscientes de la importancia de la pertenencia a las instituciones comunitarias y de la trascendencia de las decisiones que se toman en ciudades tan cercanas en la práctica como Bruselas, Luxemburgo o Estrasburgo, por citar sólo tres.

Ello no significa que este sector sea el único concernido por tales actuaciones, ni siquiera el más beneficiado, puesto que es la sociedad entera la que sufre o padece la normativa europea, pero, tanto de puertas para fuera como hacia dentro, existe desde hace décadas la sensación de que los fondos comunitarios son sólo para el campo cuando lo cierto es que carreteras, medio ambiente y tantas otras cuestiones progresan, en buena medida, gracias a la solidaridad de unos países con otros.

Buen ejemplo de ello es la salida, cuando se produzca de facto, de Gran Bretaña, que va a perjudicar a todos, primero a los británicos pero también, y mucho, al resto de los llamados estados miembro, pues la aportación de aquéllos a las ya conocidas como arcas comunitarias, se cifraría, para el próximo periodo 2020-2027, en 12.000 millones de euros, una parte de los cuales, ahora, habrá que restar del presupuesto global.

Pues bien, en esa resta ya se ha conocido la reducción, no por anunciada menos dolorosa cuando se ha propuesto, de un cinco por ciento de los fondos destinados a la PAC que, en el citado periodo podría sumar una bajada global de 43.000 millones. No piense el lector que son las únicas partidas que se reducen, las hay más cuantiosas, incluso, pero pueden ser las más llamativas tras años de escuchar el soniquete al que me refería líneas arriba.

Sin embargo, tengo para mí que la propuesta de reducción no tiene que ver en su totalidad con la salida del Reino Unido de la caja común. Esta reducción, como las demás pero especialmente esta, no es más que lo inevitable, lo que se veía venir y no nos queríamos creer porque, periodo a periodo, íbamos salvando los muebles.

A fecha de hoy,  tras décadas de política agraria común, ya parece imposible que desaparezca el sistema de ayudas, cuya reducción de un cinco por ciento ya se nos hace un mundo, pero es que el sistema, y no es la primera vez que lo digo, se da de bruces con la filosofía que hace germinar el Mercado Común, que no es sino el libre mercado.

Insisto, ahora ya no hay vuelta atrás y no sería factible un sistema puro de precios pero, con todas las dificultades del mundo, habrá que empezar a convivir con estos nuevos parámetros y el profesional del campo ha demostrado, históricamente, que sabe adaptarse, siempre con su esfuerzo.

Pese a todo, feliz día de San Isidro Labrador y que el patrón (me refiero al santo) nos proteja.

Añadir nuevo comentario