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Publicado por Ángel Cuaresma

La manifestación con la que el campo, y no por gusto, claro está, abría esta semana el curso (político, laboral, sindical…) nos ha recordado esas movilizaciones clásicas del sector que no se daban, quizá, desde los tiempos de Carlos Romero. Todo ha cambiado mucho desde entonces, también en el campo, pero hay clásicos que nunca se pierden, como los tractores en la calle, determinados gritos y los inevitables ruidos que alteran, también es lógico, el discurrir ciudadano.

Cierto es que el campo de Castilla y León, como el de toda España, incluido el norte, se enfrenta a la sequía más grave en décadas; hay quien dice que la peor desde 1905 pero no se nos olvide la de 1992, mucho más reciente, y que obligó a un recién llegado PP (cinco años habían transcurrido desde el primer Gobierno de Aznar) a la Junta autonómica a acuñar aquella frase de “Situaciones excepcionales requieren medidas excepcionales” y eso es lo que, una vez más, reclaman los agricultores.

Sin embargo, tengo la sensación de que éstos, representados por las organizaciones profesionales agrarias, yerran en una estrategia que les lleva a parecer, a ojo de buen cubero, que sólo reclaman ayudas. Me dirán que, si no llueve (la consejera del ramo, Milagros Marcos, decía este jueves que no tiene la bolita mágica), pocas opciones quedan pero encabezar la manifestación con una pancarta con la leyenda “Ayudas directas para los profesionales del campo” aventa esa imagen injusta del campesino que siempre llora y pide eternamente ayudas. Aunque hacen hincapié, como no puede ser menos, en el concepto de agricultor profesional.

Eso, por no hablar de esa discrepancia entre las cifras que aportaba la Consejería, según las cuales se han puesto ya a disposición del sector 2.000 millones de euros, y los escuálidos dos millones a que rebajaba la cifra el presidente regional de Asaja, Donaciano Dujo.

La movilización del miércoles sirvió, también, para mostrar la división que, por otros motivos, late y late y sigue latiendo en las filas del asociacionismo agrario. Por motivos que nada tienen que ver con el de las reivindicaciones de estos días, sí, pero que deja en evidencia, una vez más, la contradicción entre la patológica ideología comunista de la que siguen sin curarse y la defensa de la libertad en todos sus ámbitos, en este caso el de la empresa, que es lo que deberían defender los profesionales del sector, como pequeños, medianos o grandes empresarios que son.

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