Imagen de Ángel Cuaresma
Publicado por Ángel Cuaresma

Con harta frecuencia, los medios de comunicación nos hacemos eco de las quejas de agricultores y ganaderos, o de quienes dicen representarles, relativas al papel del sector de la distribución, y muy especialmente de las grandes superficies en relación al sector. Las críticas, no muy sólidas, todo hay que decirlo, suelen hacer referencia a los márgenes de beneficio, como si la clave de cualquier actividad económica no fuera, precisamente, el beneficio, y, en otras ocasiones, la calidad de los productos distribuidos por estas compañías, como si los alimentos y demás no necesitaran de un canal difusor que permitiera llenar en tiempo y forma nuestras despensas.

Ante estas críticas de las que, en tantas ocasiones, son cómplices quienes, también en el ejercicio de su obligación,  las difunden, cabe preguntarse qué sería de nuestros profesionales, los del campo, esos a quienes nos dirigimos, y de nuestros consumidores, si no existieran estos canales, grandes o pequeños, de distribución. Es verdad, como sabemos, que experiencias de diversa índole ha habido y hay: productores que intentan comercializar por sí mismos, cooperativas, artesanías más o menos primarias pero, al final, no nos engañemos, si se trata de una distribución global , son los profesionales quienes se tienen que ocupar de ella, al igual que la agricultura es cosa de profesionales.

Del mismo modo, las críticas a la calidad tampoco se sostienen mucho. Siempre me han dado mucho miedo expresiones como: “Esto es de aquí, casero”, o el tan socorrido “no tiene química”, de cuyos resultados están llenas las salas de urgencia de los hospitales. Y es que necesitamos una cadena que vele por la calidad, por la salubridad, por el correcto envasado y conservación y ello, guste o no, también es algo en lo que la industria y la distribución juegan un papel que difícilmente pueden ejercer quienes, por otra parte, trabajan el campo con sabiduría.

Viene este rollo a cuento del acuerdo que el pasado día 20 firmaba la Consejería de Agricultura con la multinacional Carrefour. Multinacional, sí, pero que está aquí, en Castilla y León, no sólo comprando en nuestro campo, sino dando trabajo a miles de familias y subsectores también en el medio urbano. El acuerdo, que nada cuesta a la Consejería, pretende, nada más y nada menos que el impulso a la comercialización de los productos ecológicos de Castilla y León,  esos que vienen avalados por las hasta 67 figuras de calidad que existen en la Comunidad.

De un lado, la cadena de hipermercados se compromete,  “de manera firme y decidida”, a presentar en sus lineales estos productos que cuentan, porque los hábitos están cambiando, con una demanda cada vez mayor. Agricultura, por su parte, se compromete a realizar labores de difusión de estos productos y de sus bondades.

A partir de ahí, a nadie se le obliga a comprar, ni estos productos, ni en esta superficie, como tampoco se prohíbe  a nadie que ponga en marcha experiencias similares. El consumidor tiene libertad de elección pero, estas acciones, para que tengan éxito, del de verdad, necesitan un soporte de amplia difusión y eso, me paree, sólo se consigue  con plataformas mejor internacionales a las que, en ocasiones, se intenta atacar con eso de que son “gigantes de la distribución” Pues sí, y  ello es lo que permite que el campo tenga su proyección aunque, claro está, siempre nos quedará el cestillo, el carrito de los helados y el saco de arpillera.

Para gustos se hicieron los colores.

Añadir nuevo comentario